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La feria de Alcalá de Guadaíra se despide con más de 220.000 visitas

Ni la crisis ni el calor echaron para atrás a los ciudadanos en una edición marcada por la máxima afluencia de gente cada día.

el 06 jun 2010 / 17:31 h.

  • Las casetas languidecían ayer por la tarde en el último día, después de cuatro jornadas de máximo ajetreo y con un llenazo en la feria de Alcalá de Guadaíra: más de 220.000 visitas, según las primeras estimaciones del equipo de gobierno (PSOE). El público prefería ayer entretenerse más en las atracciones de la calle del infierno, olisqueando entre los puestos ambulantes o viendo a los numerosos artistas callejeros que, sobre el albero de Alcalá de Guadaíra, ofrecían el más amplio espectro: desde caricaturistas que hacían un retrato por cinco euros a las siempre impresionantes estatuas humanas.

    En este sentido, el domingo fue el día más tranquilo de la feria, algo habitual, porque los alcalareños están cansados de fiesta y prefieren reponer fuerzas al resguardo del intenso calor, que de nuevo fue la tónica ayer, como ocurrió los días anteriores, en un festejo en el que siempre sale el debate de si es apropiado mantenerlo en junio. Incluso el entorno de la portada estaba vacío a media tarde, después de haber sido santuario de la botellona desde la noche del pasado miércoles con una multitud de jóvenes que buscaban divertirse de manera más económica.

    Eso sí, fue el día del concurso de enganches y jinetes, que durante la tarde todavía seguían recorriendo el paseo de caballos para goce de los visitantes, que los ametrallaban con sus cámaras digitales, mientras esperaban la llegada de la noche para ver los fuegos artificiales, tomándose un bocadillo de salchichas por tres euros o una patata asada con todos sus avíos por un poquito más en un puesto ambulante. El resto del capital se reservaba para pagarles a los niños una vuelta en los cacharritos o tentando a la diosa fortuna en la tómbola.

    De este modo, a las 20.00 horas ya había caseteros que desmontaban sus cocinas en las calles intermedias del real: “Para qué seguir, ya no va a venir nadie”. Y mejor ir adelantando el trabajo que les queda por delante.
    También, por si acaso, las fuerzas de seguridad mantenían un completo dispositivo por el recinto ferial, con jinetes y agentes a pie, que apenas tenían que intervenir, como había ocurrido el resto de la semana. De hecho, se puede destacar que al cierre de esta edición la feria había transcurrido sin incidentes de relevancia, por lo cual se felicitó el equipo de gobierno.

    Los que se no iban del recinto ferial, aunque no apuraran ninguna penúltima copa, eran los winstoneros: ofrecían ya no sólo paquetes, a cuatro euros, sino cartones enteros para no guardar mercancía en las últimas horas bajo los farorillos de este municipio de Los Alcores. Entre el tabaco de estraperlo, el polverío y el rebujito había ya más de uno con la garganta como el papel de lija, pero incluso así, la animación duró hasta bien entrada la noche, aunque sólo para algunos. El resto, se había despedido mucho antes de los festejos.

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