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La Feria hace aguas

Ni los aficionados más veteranos, rascando en las estanterías de su memoria, recordaban una situación parecida. Por segundo día consecutivo, y sin esperar a la hora prevista para el paseíllo, se volvía a suspender un festejo taurino dentro de un ciclo que ya está instalado en el anecdotario ferial por la presencia no invitada de la lluvia.

el 15 sep 2009 / 03:00 h.

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Ni los aficionados más veteranos, rascando en las estanterías de su memoria, recordaban una situación parecida. Por segundo día consecutivo, y sin esperar a la hora prevista para el paseíllo, se volvía a suspender un festejo taurino dentro de un ciclo que ya está instalado en el anecdotario ferial por la presencia no invitada de la lluvia.

Para colmo de males, la corrida prevista para la tarde de ayer concitaba la máxima expectación de los aficionados y había cotizado en lo más alto de la vergonzante reventa que rodea la celebración de los festejos feriales. Para esa fauna inevitable, a pesar de la devolución que previene el reglamento, el mes de agosto llegó remojado en las esperadas lluvias de abril.

Y es que tanto Morante de la Puebla como El Juli y José María Manzanares habían detentado la máxima expectación antes de que ellos mismos pusieran su propio papel por la nubes en sus respectivas y pletóricas actuaciones en la presenta y truncada Feria de Abril.

Morante cuajó una preciosista faena trufada de detalles dentro de la polémica tarde de los toros de Parladé. El Juli había dado una lección de gran maestro con el difícil ejemplar que abrió la corrida de El Ventorrillo; y Manzanares, con dos trasteos pletóricos que le han valido para cosechar tres orejas, es ya el triunfador numérico del ciclo abrileño.

En cualquier caso, no hubo demasiadas dudas. Como el pasado martes, a la hora prevista para el sorteo del encierro de Zalduendo volvía a saltar la noticia de la suspensión del festejo. Algunas versiones apuntaban al aplazamiento de la corrida para el próximo sábado, pero fuentes de la empresa se apresuraron a desmentir este rumor y recalcar que la corrida, la más esperada del ciclo, quedaba suspendida definitivamente. Ironías del destino, en las horas en que debió celebrarse el festejo, no cayó ni una sola gota.

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