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La fiabilidad del drogotest

Expertos en Toxicología y Fiscalía defienden que su margen de error, entre el 10 y el 12%, no es mayor que el de otros aparatos de medición y los derechos de los conductores están garantizados con la segunda prueba en laboratorio.

el 20 jun 2014 / 22:00 h.

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drogotest El error del drogotest realizado al conductor de Tussam que el pasado 5 de junio atropelló en Torneo a una joven estudiante norteamericana, unido al fallo que también dio hace un mes en el trágico accidente de Castuera (Badajoz) en el que murieron cinco niños, ha puesto sobre la mesa la fiabilidad de esta prueba puesta en marcha en Sevilla en 2012 aunque, la necesidad de formación especializada de los agentes de la Policía Local que lo realizan y la adquisición de los aparatos a cargo del Ayuntamiento, retrasó su generalización al igual que en otros sitios. No obstante, tanto la Fiscalía como expertos en toxicología defienden su uso al considerar que el margen de error de la prueba, entre el 10 y el 12%, es como el de cualquier aparato de medición y, en cualquier caso, su uso en el ámbito jurídico es el de una prueba indiciaria que siempre ha de ser comprobada con un análisis realizado en laboratorio. El llamado drogotest, a diferencia del alcoholímetro, analiza la saliva del conductor y no el aire espirado. El aparato que se usa detecta cinco tipos de sustancias: opiáceos, anfetaminas, cocaína, cannabis y benzodiacepinas. Según explica el doctor en Medicina y director del área de Toxicología de la Universidad Pablo de Olavide, Guillermo Repetto, aunque hay medicamentos o productos que pueden confundirse, como, por ejemplo, los jarabes que contienen codeína que pueden dar como morfina, el margen de error del drogotest se debe sobre todo a la propia técnica que usa el aparato, una «analítica rápida basada en la técnica inmunológica». «El fundamento fisico-químico en el que se basa da lugar a errores por la coincidiencia de resultados con sustancias que dan positivo. No es imputable a quien lo maneja ni se ha detectado que se deban a que el conductor haya tomado algo o a algunas características de las personas, si no se habría corregido ese parámetro», destacó. No obstante, Repetto recordó que los primeros alcoholímetros que se utilizaban hace 20 años «tenían problemas similares, pero se han ido mejorando con el tiempo». Según los estudios realizados a los drogotest en España, «el margen de error es de hasta el 12%, tanto para falsos positivos como falsos negativos, por eso es una prueba indiciaria que se contrasta en laboratorio», al margen del contranálisis de sangre que el conductor puede pedir siempre y que es el que el conductor de Tussam reclamó y dio negativo. Para Repetto es un margen de error con el cual sí se puede utilizar como prueba indiciaria, siempre con necesidad de contrastarla, y vaticina que aunque «se puede ir perfeccionando, no se eliminará totalmente el error». El fiscal coordinador de Seguridad Vial, Luis Carlos Rodríguez León, defiende también que el margen de error del drogotest «está dentro de lo previsto, por eso se garantizan los derechos de los ciudadanos con dos pruebas distintas». Rodríguez León recuerda que «todos los aparatos de medición tienen un margen de error, como los radares o los velocímetros de los coches» si bien cuando se autoriza su uso se hace tras las pruebas pertinentes y con las garantías debidas. «Además, no es algo que nos hayamos inventado nosotros. El drogotest se utiliza en el resto de Europa». El Ministerio Público fue en su día uno de los principales impulsores de la implantación del drogotest porque «estaba demostrado que como el consumo de alcohol al volante se controlaba, la gente se limitaba un poco, pero había casos de conductores que había consumido drogas». El delito imputable es el mismo –delito contra la Seguridad Vial por conducir bajo los efectos de alcohol o drogas, con penas de tres a seis meses de cárcel–. De hecho, según Rodríguez León, «si da positivo en el test de alcohol –por encima de la tasa máxima permitida de 1,2 gramos de alcohol por litro de sangre– ni se hace el de drogas». Por la mayor complejidad del drogotest, el propio fiscal dio un toque de atención ante su escasa implantación por los ayuntamientos. «Ha requerido tiempo pero ya ha despegado y ahora llevo un asunto de éstos que es el número 51». En el caso del accidente de Tussam, el juez está a la espera de otro informe, aunque el análisis de sangre es bastante concluyente, y el conductor declarará el 4 de julio. Seis de cada diez dan positivo Una prueba de que, al menos en Sevilla capital, el uso de drogotest se ha generalizado a partir de este año es que en todo 2013 se realizaron seis pruebas frente a las 74 practicadas entre enero y mayo de este año (65 de ellos en controles). Los datos de 2014 (actualizados hasta el 22 de mayo) revelan que el 60% de los drogotest dan positivo (45 de los 74 realizados frente a 29 negativos) y que las sustancias más detectadas son cocaína y cannabis. Según los datos facilitados por el Ayuntamiento de Sevilla –los agentes de la Policía Local son los autorizados para realizar los drogotest–, de los 45 positivos, 30 revelaron el consumo de una sustancia, en nueve casos se detectaron dos y en seis casos tres. En 31 casos, los conductores dieron positivo en alcohol y drogas (con distintas pruebas, una con alcoholímetro y otra con drogotest, ya que ni el alcoholímetro detecta el consumo de sustancias estupefacientes ni el drogotest el de alcohol porque la técnica empleada es distinta). En cuanto al perfil de los conductores que dieron positivo, 41 eran hombres y cuatro mujeres. Por edades, en 23 casos tenían entre 26 y 35 años y en 16 casos entre 18 y 25 años. Aunque en 2013 se hicieron muchas menos pruebas, algunos datos se repiten, ya que igualmente entre los cinco positivos detectados (de seis pruebas realizadas), las sustancias más detectadas fueron igualmente cocaína y cannabis. Todos los conductores que dieron positivo en el drogotest eran hombres y el 40% tenía entre 26 y 35 años. En tres de los cinco casos positivos, el drogotest reveló el consumo de una sustancia estupefaciente mientras que en otros dos casos se detectaron tres sustancias. La principal diferencia es que en 2013 solo una de las seis pruebas realizadas se hizo en un control de tráfico, mientras que en lo que va de año, el 87% de los test practicados se han realizado durante controles, un indicativo de que se ha generalizado la práctica de esta prueba en el trabajo de los agentes encargados del tráfico, ante sospechas por la forma de conducir o en controles rutinarios.  

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