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La fiesta de un barrio en camino

Todo el Cerro quiso acompañar a su Simpecado en la salida hacia la aldea

el 19 may 2010 / 11:01 h.

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Un barrio y un milagro de carretas daban la bienvenida al Simpecado. Eran las 9 de la mañana cuando las puertas de la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores se abrían de par en par para dejar paso a la Madre de Dios del Cerro que se encaminaba entre la muchedumbre de romeros que, ya por aquel entonces, llenaban cada balcón y cada esquina de la calle Afán de Ribera.

Era fiesta en el Cerro del Águila y eso se notaba en las caras llenas de emoción de cada unos de sus vecinos. Y como todo lo que se propone este barrio -hecho a base del coraje de sus gentes- la salida de la carreta de plata se convirtió en un auténtico homenaje a la Virgen del Rocío que ya les esperaba en las marismas. No faltaron las sevillanas llenas de compás con letras que llenaban de piropos al barrio y a su hermandad. Su hermano mayor, vecino del Cerro de toda la vida, caminaba orgulloso con su vara dorada delante de la carreta.

No era fácil avanzar, la muchedumbre que abarrotaba la calle hacía que caminar se convirtiera en toda una aventura... pero no importaba pues cada paso al frente que daba la carreta era correspondido con los aplausos de los romeros, las rumbas y sevillanas y los pétalos que caían desde los balcones engalanados de la calles del barrio.

"Yo le pido a la Virgen que tengamos un buen camino, que volvamos todos bien y que no nos pase nada". Eran éstos los deseos de Mariano Fernández, el hermano mayor, mientras saludaba a los vecinos que se agolpaban en la arteria principal del barrio.

Entre sus peticiones a la Virgen estaba la de poder llevar a cabo el sueño de sus hermanos de cara al camino del año que viene. Será entonces cuando estos rocieros celebren sus bodas de plata como hermandad, un buen momento para "poder terminar el techo de la carreta y los faldones", aunque todo va a depender "del apoyo de nuestros hermanos y vecinos que seguro que no nos va a faltar".

Y así, entre los anhelos de lo que vendrá, el Simpecado se fue adentrando en la ciudad diciéndole adiós a un barrio que se quedaba casi desierto. Llegaba la hora de llevar a la Virgen al cuartel de la Guardia Civil en Eritaña. Allí, como un reflejo del pasado, los esperaban pequeños romeros y flamencas de un cercano centro escolar para agasajar con cantos y salves a la carreta de plata. No les faltaba ni un detalle: cintas en el sombrero -verdes como las del Cerro-, flores en el pelo de las gitanas y hasta un estandarte en miniatura que aseguraba el futuro de la tradición rociera del barrio.

La siguiente parada sería junto a aquéllos que este año no pueden hacer el camino. En la clínica de Fátima el equipo de médicos les esperaba en la puerta para ofrendarles unas flores silvestres en las que el Cerro llevaría los deseos de mejoría de todos los enfermos ingresados en el centro. La carreta salió del barrio llena de esperanza y encaminaba el Aljarafe repleta de súplicas y plegarias que llevar a la Madre de Dios. El Cerro ya esta en camino dejando huérfanas las calles de un barrio que quiso hacerse marisma para despedir a sus romeros.

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