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La fiesta sin fiesta

Se la mire por donde se la mire la fiesta del Corpus Christi -la de Sevilla, no la de la Iglesia Católica- no se corresponde con ningún sentimiento íntimo popular y sigue sin tener una liturgia ciudadana que es lo que distingue al verdadero festejo. En Granada...

el 16 sep 2009 / 04:05 h.

Se la mire por donde se la mire la fiesta del Corpus Christi -la de Sevilla, no la de la Iglesia Católica- no se corresponde con ningún sentimiento íntimo popular y sigue sin tener una liturgia ciudadana que es lo que distingue al verdadero festejo. En Granada, la celebración de la Feria le presta componentes populares, como el paso de la Tarasca, los gigantes y los cabezudos dando vejigazos a la gente, esas poesías populares carnavalescas que son las carocas, la coincidencia con la temporada taurina? Lo mismo sucede en pueblos de la serranía gaditana como Zahara de la Sierra, Setenil y El Gastor.

Pero en Sevilla todos sus componentes dan la sensación de estar fosilizados, de que, por un lado, la procesión sólo representa el polvoriento desfile de otros tiempos, la decoración de los escaparates permanece varada desde hace siglos en los mismos patrones y la corrida de la Maestranza -con ganadería y cartel cogidos con alfileres- logra llenar media plaza porque es de obligado cumplimiento, o sea, de abono aunque los asientos los ocupen mayormente quienes no son sus titulares. Muchos de éstos seguramente estarán a esa hora dejándose acariciar por la brisa de la playa.

Nadie se plantea cambiar unas reglas que no tienen sentido (por ejemplo, los atractivos del puente hasta el domingo deberían haber hecho pensar si no sería mejor celebrar la corrida la víspera) y eso sucede, precisamente, porque, en realidad, a nadie le importa. El Corpus terminará por consumirse -ya está avisando de ello la escasez de altares este año- aunque pueda permanecer momificado durante mucho tiempo, máxime si el Ayuntamiento sigue empeñado en llamar fiesta mayor a lo que no lo es y en dedicarle un dinero que, seguro, tendrá un mínimo retorno e, indudablemente, no soporta la más mínima relación precio-calidad.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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