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La florecilla de metal

el 25 mar 2012 / 12:08 h.

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Pocas cosas cabrean tanto como que te confundan el apellido con un apodo. Llamarte, por ejemplo, Coneja, Piernabierta, Salida, Bragueta, Suelta o Folla y que, en los escritos y cual si fuera un alias, te coloquen entre comillas tan agradecida herencia paternal o maternal. La errónea pronunciación, asimismo, depara idéntico cabreo para quien la sufre.

Imagínense las dificultades de ese juez instructor que, tras años y años escuchando Iñaki Urdangarín, ahora se entera que ha de interrogar a Urdangarin, sin acento en la i. Pero si a un sindicalista, especie siempre cabreada de por sí, le rizan el rizo, podría ser morrocotudo su cabreo.

Ignacio Fernández Toxo es Toxo. Ni Toso, ni Tojo, ni Tocho, ni comillas que valgan. Él es gallego y gallego su apellido y si aprendimos a decir Pujol para hablar catalán en la intimidad con el ex de la Generalitat, hagámoslo también para el actual secretario general de Comisiones Obreras en su propia lingua galega. El Ferrol, 1952.Estaba predestinado. Es lo que tenía tiempos ha -en los corrientes algunos resquicios quedan-, entrar como aprendiz en unos astilleros públicos, en su caso, Bazán. El metal. El acero. El mono azul que tantos líderes de la lucha obrera ha engendrado. Eh, vosotros, los que defendéis y chupáis de la dictadura. ¿Que no me firmáis el convenio colectivo? Pues huelga.

Respondieron los franquistas a tiros. Dos empleados abatidos, Amador Rey y Daniel Niebla, y un tercero, Julio Aneiros, bala incrustada en el pecho, estuvo semanas debatiéndose entre la vida y la muerte. Sucedió la mañana del 10 de marzo de 1972. Toxo no había cumplido siquiera los 20 años. Son justo cuarenta con los tres compañeros en su alma.

La empresa lo mandó a la puta calle y los grises a la puta cárcel. El veinteañero, por entonces militante de las clandestinas juventudes comunistas y trotskista, consiguió huir y refugiarse en Asturias. Tras ser perseguido, recala en la capital madrileña, donde, con documentos falsos, se esconde bajo el nombre de Ángel Luna González. Más de cuatro años sin ser él aun siéndolo. Hasta que Franco estira la pata y, Rey y Suárez de por medio, sale adelante la amnistía general de 1977.Dice el tópico que del gallego no se sabe si sube o baja.

"De éste, en concreto, sí conocemos adónde va y qué quiere", comenta un estrecho colaborador. Por lo pronto, en las primeras elecciones democráticas fraguó un movimiento político obrero en la provincia coruñesa, que pasó sin pena ni gloria por las urnas. Su regreso a Bazán -paradojas de la vida, un pacifista haciendo barcos de guerra- fue por la puerta grande de la acción sindical, puesto que, tras hacerse con el liderazgo de su comité intercentros, alcanzó la Secretaría General de la Federación del Metal de CCOO.

Para los poco duchos en cuestiones sindicales, sepan que ésta es la más importante y ruidosa dentro del sindicato. La de las barricadas. La que, por ejemplo, quema neumáticos a la altura de la esclusa sevillana o corta el gaditano puente Carranza armando la marimorena. Su asalto al Metal, asimismo, marcaría un antes y un después para sus adscripciones políticas puesto que torció el brazo de la entonces mayoría que forjaban los llamados carrillistas, quienes postulaban mayor vinculación con el partido hermano, el PCE. Digamos que se enfrentó a Santiago Carrillo para defender la independencia política del sindicato o, más bien, la no confusión entre aquél y éste. La historia hizo que quienes entonces eran los críticos sean hoy los oficialistas, y al revés. Dejó el PCE.

El metal se uniría, allá por 1995, a la minería. En la retina, la movida del carbón en las cuencas del norte. Nacía la todopoderosa Federación Minerometalúrgica, el trampolín desde el que nuestro protagonista saltó hacia la Secretaría General de CCOO. Su aspiración la anunció en 1999, aunque el riesgo de fractura hizo que retirara su candidatura y dejara vía libre a José María Fidalgo, el delfín elegido por el líder, Antonio Gutiérrez, para sucederle. Fidalgo era cirujano. Bata blanca entre monos azules. Toxo, por aquello de la unidad, se integra en la cúpula.Por segunda vez es despedido de Bazán al gestarse los astilleros de Izar.

Corre el año 2005. Tres años después, en puertas de las Navidades, el hombre enjuto y de peso pluma gana el congreso al médico de dos metros por un puñado de votos y con el discurso de la excesiva complacencia del sindicato hacia el Gobierno y las patronales. Demasiados pactos. Pero él, experto en negociación colectiva a pesar de ser parco en palabras, siguió pactando hasta que un buen día, el 29 de septiembre de 2010, le convocó una huelga general al socialista José Luis Rodríguez Zapatero, a quien había garantizado paz si no recortaba los derechos sociales. Si no te gusta el caldo, dos tazas: reforma laboral y de las pensiones. El 29 de marzo de 2012, jueves, habrá otra. Esta vez con el popular Mariano Rajoy, que ni cien días ha cumplido en el Gobierno. La primera en la frente, pero quizás no la única.

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Toxo. Dícese de un arbusto espinoso de escasa altura y pequeñas flores amarillas muy popular en Galicia. Por extensión, persona brusca. Está casado con mujer también sindicalista y tiene dos hijos.

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