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La forja de unas funciones históricas

El Teatro de la Maestranza puso anoche en pie el tercer capítulo de ‘El anillo del Nibelungo' de Wagner en la producción de la compañía La Fura dels Baus. Cinco intensas horas en las que el coliseo escribió uno de sus capítulos más sobresalientes.

el 05 dic 2012 / 23:56 h.

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Lance Ryan(Siegfried) y Robert Brubaker (Mime).

SIEGFRIED ****

Teatro de la Maestranza. 5 de diciembre. Siegfrid, de Richard Wagner. Intérpretes: L. Ryan, C. Foster, A. Held, R. Brubaker, G. Hawkins, C. Mayer, K. Rydl, C. Puente. Director de escena: C. Padrissa (La Fura dels Baus). ROSS. Director musical: P. Halffter.

Cuando Pedro Halffter puso hace tres años en marcha la primera tetralogía del Maestranza no se tenía la certeza entonces de que, además del evidente reto artístico, los Nibelungos de Wagner iban a tener que enfrentarse a una crisis económica -demoledora en lo cultural- que cada año más que el anterior, pusiera en jaque la supervivencia del proyecto cultural de más envergadura que ha afrontado el coliseo.

Siegfried es su tercera estación, a la espera -dedos cruzados- de la fastuosa conclusión que ha de ser El ocaso de los Dioses en la temporada 2013/14. A Siegfried le precede la injusta fama de ser el título más denso del ciclo, lo que unido a su menor difusión, en comparación con su inmediato precedente, La Valquiria, pudo hacer que anoche el teatro no agotase las entradas y que todavía puedan aquirirse localidades para las tres siguientes representaciones.

Pero esta ópera no ha de infundir ningún temor. A lo largo de su sucesión de dúos se esparcen algunos de los momentos musicales más palpitantes de toda la obra de su compositor. Además, la didáctica producción -a veces en exceso- de La Fura del Baus incide en todas las constantes que ya hemos admirado con anterioridad. La fastuosa imaginación del equipo de Carlus Padrissa ha dado luz a la producción moderna que más ha hecho por explicar de una forma épica la historia de los Nibelungos. A la par que se autopermite desplegar una exultante pirotecnia visual que no huye por momentos de lo autoparódico.

La forja de la espada Nothung, la lucha contra el dragón y el surgimiento terrenal de Erda impregnarán por mucho tiempo la memoria de quienes asistan a estas funciones. Ha querido la casualidad que este Siegfried llegue en los albores del estreno de El Hobbit. No descubriremos ahora las conexiones iconográficas entre ambos relatos, ya se encarga de ello La Fura convocando literalmente al dragón, al anillo y a los enanos. Otra saga fantástica, Dune, también ha influido notablemente a la compañía en la observación de los detalles iconográficos.

Pero nada sería de Wagner sin los cantantes adecuados. Anoche Robert Brubaker fue un Mime antológico que supo sacar al personaje de lo grotesco para llevarlo a lo estelar. Proyección inmácula, fraseo, buen acomodo en la zona media y aguda; nos pareció un cantante inagotable. Dicen que el Siegfried de Lance Ryan es uno de los mejores posibles. Lo será a pesar de sus muy discutibles dotes actorales y una dicción algo forzada del alemán. Con todo, fue de menos a más y se creció en un dúo final que le terminó de descubrir como inmenso wagneriano. Catherine Foster fue una hiperexpresiva walkiria de enorme solvencia con sus tornasolados agudos. Conocíamos ya la competencia del Alberich de Gordon Hawkins y aplaudimos ayer al Caminante de Alan Held y la Erda de Christa Mayer. Correcto el Fafner de Kurt Rydl y de voz pequeña el Pájaro del bosque, Cristina Toledo. La Sinfónica realizó una versión poderosamente teatral. Halffter ofreció una versión henchida de mordiente, muy de foso, quizás demasiado atenta al cuidado de las voces y algo menos dada esta vez al lucimiento propio del conjunto instrumental.

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