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La fragilidad de las instituciones y la fuga de soberanía retan a Europa

Francisco Fonseca, director de la Representación de la CE en España, analiza el «nuevo paradigma» que vive el espacio europeo, marcado por la debilidad del marco constitucional y azuzado por los efectos de la crisis económica

el 19 sep 2014 / 11:33 h.

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FRANCISCO-FONSECA Francisco Fonseca, director de la Representación de la Comisión Europea en España, en un momento de su intervención en el hotel Gran Meliá Colón. / Foto: Pepo Herrera Sobrevolaba el referéndum de Escocia y la incógnita del resultado –con sondeos que poco antes del cierre de las urnas daban seis puntos de ventaja al no y que a falta de poco tiempo para la medianoche recortaba la diferencia pero mantenía la victoria para el no–. Y es que la situación que ha derivado en ese voto de los escoceses viene generada por la «debilidad» que está sufriendo el marco constitucional en el espacio europeo y de la «fuga completa de soberanía» que están experimentando los Estados. Es una de las reflexiones que Francisco Fonseca, director de la Representación de la Comisión Europea en España, ofreció ayer, en el que abordó precisamente el cambio de «paradigma» que vive la Unión Europea, que ha pasado de ser una «historia de éxito» a ser el objeto de inquietud del ciudadano. La crisis económica ha sido el detonante que ha derivado en que Europa haya dejado de ser «el maná» que ha permitido construir autopistas, AVE, aeropuertos... para convertirse en parte del problema por la percepción, precisó, de que los Estados se han quedado sin mecanismos propios (como la devaluación de sus monedas) ni margen de maniobra para responder ante la coyuntura adversa. A ello ha contribuido, advirtió, la actuación del Banco Central Europeo (BCE), preocupado únicamente de contener la inflación (la evolución de los precios) mientras que en Estados Unidos se activaba la máquina de imprimir billetes para reactivar la economía. Así lo puso de manifiesto en el transcurso del foro Hablemos de Europa, organizado por El Correo de Andalucía en colaboración con la Comisión Europea y el Parlamento Europeo y que ha contado en esta ocasión con el patrocinio de BDO, celebrado en el hotel Gran Meliá Colón. ¿Qué ha pasado en Europa? «Que hemos tenido que construir botes salvavidas al tiempo que se hundía el Titanic». Esa frase de Van Rompuy define a la perfección, a juicio de Fonseca, el devenir de la historia europea, que se ha visto marcada porque países como España han visto que los socios alemanes han dejado de financiar y exigir medidas. Así, se mostró crítico con la «fragilidad» de la unión de Europa, que tildó de OPNI: «objeto político no identificado» y avisó de la «pérdida de valores como la solidaridad», que se está viendo «amenazada». En el actual contexto en el que se cuestiona el modelo europeo, Fonseco incidió en que este cambio de paradigma está afectando especialmente a las instituciones europeas, «que somos percibidas como instituciones sin perfil político o que no sabemos explicarlo». Aquí defendió el paso adelante adoptado por la CE en la elección de su presidente y el refuerzo del papel del Parlamento europeo, pero pidió un esfuerzo a los Parlamentos nacional y autonómico para trasladar y explicar sus actuaciones. En su análisis de este momento de cambio y del nuevo paradigma, citó, entre otros aspectos, que la «Europa integrada y unida» «ha descubierto que tiene fronteras», en referencia al clima generado en el caso de Ucrania y advirtió de las consecuencias del conflicto con Rusia por la dependencia energética de Europa. En esta línea, pero desde otra óptica, las fronteras desde el lado de la inmigración. Avance. La apuesta para que Europa dé pasos adelante pasa, detalla Fonseca, por la industrialización. No queda otra que competir en la economía del conocimiento, espetó y, para ello, se detuvo en uno de los grandes lastres: el elevado precio de la energía. «Tiene que ser mucho más barata», zanjó. Para la supervivencia o el declive de Europa «la única posibilidad de competir en la Primera División es hacerlo como bloque» porque, como reseñó, ni Francia ni Alemania ni ningún país europeo «pueden competir con los países BRICS». Asimismo, reclamó la necesidad de utilizar los fondos europeos en formación, empleo y en I+D+I porque «no podemos permitirnos una generación de ni-nis», al tiempo que criticó el efecto perjuicioso del que definió como «ciudadano on line», desinformado por el exceso de información. En su análisis no se olvidó de los logros conseguidos, como haber mantenido a flote y fuerte el euro y «haber dejado de gastar lo que no tenemos».

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