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La fragilidad del Parlamento

La política espectáculo está teniendo consecuencias imprevisibles sobre el papel de los parlamentos y, muy especialmente, sobre el de Andalucía. De ser la representación del pueblo ha pasado a ser un trasunto de las ruedas de prensa de la oposición y de las declaraciones...

el 16 sep 2009 / 00:12 h.

La política espectáculo está teniendo consecuencias imprevisibles sobre el papel de los parlamentos y, muy especialmente, sobre el de Andalucía. De ser la representación del pueblo ha pasado a ser un trasunto de las ruedas de prensa de la oposición y de las declaraciones institucionales del gobierno.

Cuando se asiste a un pleno se tiene la impresión de estar en la repetición de una obra de teatro que ya ha sido estrenada ante un público más fiel y con aplausos más cerrados. El gobierno ya no anuncia los planes ante el Parlamento sino en decorados más íntimos, sin la molestia de un contraste de ideas que considera una pérdida de tiempo y sin que nadie puede contestar o contrastar la bondad de las propuestas que se hacen en tono solemne. La oposición, por su parte, realiza las mayores denuncias ante los medios de comunicación, se rasga las vestiduras en ruedas de prensa convocadas ex profeso y cuando llega a la función parlamentaria tiene los titulares agotados y el gesto cansado. Se percibe una enorme falta de autenticidad en el debate parlamentario. E incluso, las sesiones de control son solo un recuento de titulares de prensa acumulados en los últimos días en las que falta no solo la novedad, sino también la sinceridad del que interpela o del que responde. A modo de ejemplo, esta última semana se han hecho declaraciones desmesuradas, para bien y para mal, sobre la deuda histórica de Andalucía. El gobierno saltaba de alborozo -o al menos se esforzaba en hacerlo-, mientras la oposición hablaba de una traición sin precedentes. Pues bien, tres días antes de que se firmara el acuerdo, se produjo la sesión de control del Parlamento andaluz sin que ni el partido del gobierno, ni oposición le preguntaran al Presidente de la Junta de Andalucía sobre este tema, relegando el tema a un debate casi clandestino a altas horas de la noche.

Es cierto que este solapamiento del papel del Parlamento no es nuevo y que se agrava con una crisis económica en la que -inexplicablemente a mi entender- se disuelve el papel de las instituciones andaluzas y su contribución a la salida de esta situación. También es verdad que la propia institución parlamentaria contribuye escasamente a estar en el día a día de la sociedad andaluza, y no es capaz de desprenderse del olor a cerrado, a moqueta y a tiempo sin tiempo, con antiguallas tales como las vacaciones parlamentarias o los largos trámites burocráticos para la gestión de los tiempos políticos. Pero, dicho esto, también hay una peligrosa muerte de las ideas, de la política en su sentido más hermoso, que no es sino una autorización del pueblo para ser representados. Apenas se debaten ideas y propuestas, sino que los autonominados líderes se creen dueños -que no representantes- de espacios políticos y el Parlamento se reduce a un recinto en el que se libran combates de esgrima de salón.

Los parlamentos, y especialmente los autonómicos, son las instituciones más frágiles de la democracia. El poder ejecutivo de los gobiernos se defiende con la pura gestión de los recursos. Sin embargo, el papel de los parlamentos depende de su vitalidad, de su capacidad legislativa y de su conexión con la sociedad. Elementos todos ellos muy frágiles si se persiste en estrategias políticas que solo buscan aplausos de los correligionarios y titulares en los medios de comunicación (afines).

Concha Caballero es profesora de Literatura

www.ideasconchacaballero.blogspot.com

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