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La Fundación Aparejadores

Cada vez admiro más a las personas y las instituciones que hacen cultura, que crean cultura y que luchan por la cultura sin financiar sus proyectos con dinero público.

el 15 sep 2009 / 21:40 h.

Cada vez admiro más a las personas y las instituciones que hacen cultura, que crean cultura y que luchan por la cultura sin financiar sus proyectos con dinero público. Es el modelo de los grandes países cultos del mundo, en los que ni siquiera tiene sentido la existencia misma de un ministerio de Cultura. Es fácil poner en marcha iniciativas, que a veces sólo duran una legislatura, en las que los gestores públicos -en ocasiones improvisadores, diletantes o muy escasamente preparados- disparan con pólvora del rey, es decir, con el dinero de todos los contribuyentes. Pero acometer empresas culturales interesantes y perdurables con fondos privados, sean personales o institucionales, me parece admirable. Y un ejemplo de ello lo tenemos en la Fundación Aparejadores, nombre abreviado con el que se conoce a la Fundación Cultural del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Sevilla, una institución dinámica y muy viva, profundamente enraizada en la cultura de nuestra ciudad y de nuestra provincia, que se ha convertido en uno de sus agentes dinamizadores más unánimemente elogiados y admirados.

La Fundación nació de una idea inicial del Colegio homónimo del año 1988. Su carta fundacional es de 1992, aunque su definitiva aprobación es de 1996, año a partir del cual la Fundación comenzó a desplegar una extraordinaria actividad en todos los campos de la cultura hasta nuestros días: cursos, ciclos, conferencias, exposiciones de artistas noveles y antológicas de figuras consagradas, talleres de creación, seminarios, jornadas técnicas sobre patrimonio, conciertos y, sobre todo, ediciones.

De hecho, la Fundación Aparejadores es uno de los más importantes focos editoriales de nuestra ciudad, llegando a merecer en el año 2004 el Premio de la Feria del Libro en reconocimiento a su labor editorial al servicio de la ciudad de Sevilla.

Aunque inicialmente fueron cuatro las colecciones, hoy la Fundación ofrece un impresionante catálogo de publicaciones con más cien títulos distribuidos en ocho colecciones: Azulejo (la serie estrella), Atanor, Alarife, Alicer, Nivel, Manuales y Cuadernos Técnicos. Asombra verificar la colección de clásicos de la historiografía sevillana que ha logrado recuperar la colección Azulejo en impecables ediciones facsímiles espléndidamente prologadas por especialistas de primera línea. Ahí están las grandes crónicas de nuestra ciudad: la de Alonso de Morgado (1587) presentada por Francisco Morales Padrón, la historia de las riadas de Francisco de B. Palomo (1878) con estudio preliminar de Antonio Burgos, la del Ayuntamiento de Sevilla de Joaquín Guichot (1896) prologada por Alfonso Guerra, los famosos Sucesos de Sevilla de Francisco de Ariño (1873) preludiados por Rogelio Reyes Cano, etc. O monografías de referencia como el libro sobre la Giralda de Aníbal González, Sevilla, Fortaleza y Mercado de Ramón Carande, Sevilla en los Labios de Joaquín Romero Murube, etc. Son joyas que se guardan como auténticos tesoros bibliográficos. Me descubro ante estas iniciativas. Eso es trabajar por la Cultura, con mayúscula.

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