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La gran burbuja informativa

Millones de personas en todo el mundo, tuvimos ayer la ocasión de contemplar la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos en Pekín, con asistencia, no ya de las delegaciones deportivas de cada país, sino también de altos dignatarios de casi todos los países del mundo.

el 15 sep 2009 / 09:33 h.

Millones de personas en todo el mundo, tuvimos ayer la ocasión de contemplar la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos en Pekín, con asistencia, no ya de las delegaciones deportivas de cada país, sino también de altos dignatarios de casi todos los países del mundo.

Y durante los próximos días seremos también millones los espectadores de las pruebas deportivas. Lo que veremos serán deportistas compitiendo en pistas de atletismo, piscinas, canchas de baloncesto o estadios. Y lo pasaremos mejor o peor en función de lo que consigan nuestros representantes o aquellos atletas que gocen de nuestras simpatías.

Todo eso está muy bien, pero hay una realidad que no debemos olvidar cegados por las marcas olímpicas. Es esa realidad que no enfocarán las cámaras de televisión, y es la brutal represión del gobierno chino antes y durante la celebración de las olimpiadas.

Puede que ingenuamente todos quisiéramos pensar que la celebración en China del mayor evento deportivo del mundo, iba a contribuir a que el régimen modificase posiciones, y que esto iba a influir en las condiciones de vida de cientos de millones de personas que, a pesar del auge económico que está viviendo China, siguen sufriendo las consecuencias de un sistema político que pisotea derechos fundamentales, cuya trasgresión no sería tolerable en la mayoría de las naciones que hoy tienen allí a sus olímpicos.

En los meses previos al comienzo de los juegos, y en contra de lo que se esperaba, o se quería esperar, el gobierno chino ha llevado a cabo una labor represiva que se ha caracterizado por un desprecio absoluto de los derechos humanos.

Miles de disidentes, o supuestos disidentes, han sido detenidos para evitar que sus actividades pudiesen desvelar, ante la opinión pública mundial, las transgresiones de un régimen, instalado en los esquemas más represivamente feudalista, pero que hace gala de una supuesta modernidad al ser anfitrión de esta gran fiesta deportiva.

El espíritu olímpico, basado en la libertad, la competencia, el respeto y la solidaridad, choca de frente con lo que esta ocurriendo a pocos metros de donde se celebra la máxima expresión deportiva. Y eso lo sabemos todos, por mucho que nos esforcemos en olvidarlo, porque hay demasiados intereses en juego.

Seguramente por esto se ha aceptado que la celebración de los juegos sirva para lo contrario de lo que se pensaba, que era conseguir más cotas de libertad para el pueblo chino. Y salvo que queramos ser cómplices de la mayor hipocresía, tendremos que reconocer que no hemos ayudado a la libertad, pero hemos creado la gran burbuja informativa.

Periodista

juan.ojeda@hotmail.es

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