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La gran esperanza...negra

El nuevo candidato a la presidencia de Estados Unidos, Barack Obama cuenta con la confianza de todos aquellos sectores de la clase media que quieren dar un paso más y cambiar la historia de Norte América.

el 25 sep 2009 / 11:47 h.

Barack Obama
Barack Obama es negro y también candidato a la Presidencia de EEUU. Dos axiomas radicalmente opuestos hasta hace no mucho tiempo. Casi un siglo y medio después del fin de la esclavitud en Norteamérica y 45 años del mítico discurso I have a dream (Tengo un
sueño) del reverendo afroamericano y líder de los derechos civiles Martin Luther King, Obama ha conseguido ya una gesta sin parangón al convertirse en el primer aspirante negro a ocupar la que sería la Casa menos Blanca de toda su historia.
Martin Luther King ansiaba en 1963 que algún día sus cuatro hijos vivieran en una nación en la que fueran juzgados, no por el color de su piel, sino por su naturaleza. Antes, en 1955, Rosa Parks anhelaba no tener que ceder más su asiento en la parte delantera del autobús a un ciudadano blanco. James Meredith, en 1962, ambicionaba la idea de estudiar en la Universidad de Mississippi. Y hoy Barack Obama sueña con convertirse en el 44o presidente de EEUU, un sueño más alcanzable que nunca si las encuestas que vaticinan su victoria pasado mañana no ocultan un racismo soterrado. No obstante, y a falta del escrutinio final, resulta tangible que este martes
la Humanidad dé otro de sus grandes saltos, gracias esta vez a los pequeños pasos de un hombre que creía que sí podía cambiar el mundo. El estudiante magna cum laude, el profesor entregado, el abogado defensor de los derechos civiles y el político del cambio, la conciliación e integración no tuvo que manifestarse junto a miles de sus compatriotas ni levantar barricadas en protesta por las políticas se gregacionistas de su país; pero su color de piel sí que lo ha transformado en más de una ocasión en un icono de esa batalla racial que cayó sobre los hombros de los Parks, Meredith, King oMalcolm X. Corría el mes de febrero de 1990 cuando logró uno de sus grandes hitos al ser elegido el primer presidente negro de la prestigiosa revista jurídica Harvard Law Review. Años más tarde, en enero de 2005, su investidura en el Senado de EEUU lo convertía en el tercer senador afroamericano de la historia elegido popularmente, con un apoyo además del 70%. Pero el primogénito del matrimonio formado por un modesto agricultor keniano y de una antropóloga blanca de Kansas, criado a medio camino entre las exóticas Hawai e Indonesia, no es sólo negro. Para John McCain, su rival en estos comicios, y otros muchos estadounidenses es también un rojo. Y Obama es un "comunista" porque pancarta en mano fue uno de los primeros políticos (otra vez aquí se repite lo que ya es una constante en su vida) que se opuso en Washington frontalmente a la guerra de Irak cuando desafiar el enésimo delirio de GeorgeW. Bush era un acto de antipatriotismo. Un pecado capital a ese lado del Atlántico, donde la venta de banderas es una de sus industrias más sólidas. Obama también es un "socialista" por propugnar una asistencia sanitaria universal para un país donde antes de enfermar hay que pedir permiso a las aseguradoras y por creer en el cambio climático. Su disponibilidad al diálogo también lo condena. El camino hasta llegar a este punto de no retorno en la vida del senador de Illinois no ha estado exento de dificultades y sí de mu poco convencionalismo.
Su atípica infancia, su exquisita educación, más propia de un ilustrado blanco de clase media, su esposa Michelle o el hecho de haberse
forjado políticamente en los suburbios negros de su Chicago de adopción juegan ahora un papel vital en las cabezas de quienes tienen en sus manos coprotagonizar un acontecimiento histórico: el norteamericano medio. Aseguraba Obama en uno de sus discursos más relevantes que "no existe una América conservadora y liberal; sólo existen los Estados Unidos de América". Obama tampoco cree en un EEUU blanco y otro negro. Y ése es el país que sueña liderar.

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