Local

La gran fiesta del trabajo

Está claro que el 1o de Mayo, la denominada fiesta del trabajo, ha perdido en parte la pasión que lo alimentaba en otras épocas. Pocos trabajadores de los que ayer se manifestaron conocerán seguramente que la festividad conmemora en realidad una tragedia.

el 15 sep 2009 / 04:04 h.

Está claro que el 1o de Mayo, la denominada fiesta del trabajo, ha perdido en parte la pasión que lo alimentaba en otras épocas. Pocos trabajadores de los que ayer se manifestaron conocerán seguramente que la festividad conmemora en realidad una tragedia. La condena a muerte de varios sindicalistas que se atrevieron a salir a la calle para reclamar sus derechos en el Chicago de 1886. Sí tendrán mucho más presente en su memoria las movilizaciones de otros mayos como el del 68, del que ahora se cumplen nada menos que 40 años. Incluso algunos de ellos habrán vivido y sufrido en su caso las protestas masivas de los primeros años de la transición y la reconversión industrial de los 80. Pero en la era de internet y el mercado globalizado esta festividad reivindicativa tiene que competir con la enorme atracción que la playa o la montaña provocan en la mayoría de los trabajadores. Ésa es la principal razón de que las manifestaciones, en un día tan señalado, sean cada año más reducidas. Aunque los sindicatos denominados de clase, que siempre han motivado las manifestaciones del día más popular de mayo, también tienen su parte de responsabilidad en esa caída de la movilización. Con demasiada frecuencia parecen no darse cuenta de que las relaciones laborales han cambiado. Por eso quizá su influencia sea cada vez menor, salvo en ciertas empresas públicas. De no adaptarse a los tiempos perderán aún más influencia sobre los trabajadores. Y sin embargo son tan necesarios como en el pasado. Los problemas del feroz liberalismo que rige la economía occidental tienen que ver ahora con el menor valor del trabajo en favor del talento, con la deslocalización oportunista y sin miramientos de las empresas y especialmente con la poca calidad del empleo. Por eso los sindicatos tienen razón cuando exigen que los trabajadores no sean los únicos paganos del frenazo que sufre la economía. No pueden serlo. Pero romperán su justo argumento si pretenden que se salga de la crisis sin poner su imprescindible grano de arena, apostando por la moderación y el diálogo para superarla lo antes posible. Porque de no hacerlo así, sí que los trabajadores serán los que paguen un precio especialmente alto. Como casi siempre.

  • 1