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La gran final del dios Kirksay

El Cajasol completó un encuentro magnífico en las semifinales de la Final Four de la Eurocopa, batiendo con solvencia (63-75) a la Benetton en su propia cancha y clasificándose para la gran final, que disputará con el Unics Kazan ruso.

el 16 abr 2011 / 21:03 h.

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Kirksay intenta dar un pase.

El Cajasol dio en el Palaverde el paso más importante de su historia de un cuarto de siglo. En su aún corta existencia, en comparación, por ejemplo, con su víctirma de ayer, la Benetton de Treviso, no ha ganado nunca un título. Hoy puede inaugurar su palmarés, de golpe y porrazo, ni más ni menos, que con un trofeo continental, el segundo más preciado. Será la tercera final que disputa. En la Liga ACB realmente nunca estuvo al alcance porque el Barcelona se cruzó las dos veces en una serie larga inalcanzable por la diferencia de potencial. En Valencia, en 1999, se cruzó el Tau Cerámica pero sobre todo la mala suerte en forma de lesiones.  Hoy puede ser el día más importante del Caja en su historia, hoy puede ser un gran día.

La victoria de la semifinal tiene tintes grandiosos. La Benetton de Treviso, con dos coronas continentales colgando en orgullosos banderines de su pabellón, es el anfitrión y su fortaleza en el Palaverde se explica rápido, porque no conocía, hasta ayer, la derrota en su pista en la Eurocup. Siete victorias, incluida la que infligió al Cajasol en el último partido del Last 16 (84-68). El Caja venía de  seis derrotas seguidas en ACB y había temor a que sucumbiera a la presión que ejercen los grandes partidos. Nada más lejos de la realidad. En buena medida, en gran media, fue gracias a Tariq Kirksay, el corazón pero también la cabeza de este equipo que está en el penúltimo paso de la gloria, seguramente el más difícil, pero ayer demostró que está preparado para darlo.

La exhibición de Kirksay fue tremenda. Estuvo en todo, y en todo estuvo bien. Sobrevoló al partido, sobrevoló a la Benetton, sobrevoló a su propio equipo. En plena crisis, en el nudo gordiano  de la cuestión, cuando el grupo de Joan Plaza sentía el vértigo después de haber mantenido bajo control el pulso básicamente por su excelente defensa, cuando el Palaverde rugía como en sus mejores tiempos después  de un parcial de 10-1, con un atasco absoluto en ataque frente a la zona, surgió la mano del francés nacido en Nueva York. Conocido es que su tiro es tan heterodoxo como irregular, pero en el momento de la verdad anotó dos triples mágicos, salvadores, que dieron oxígeno a un equipo ahogado (52-57), que definitivamente volvió a creer en sí mismo cuando un pase del chico de la cinta blanca en la cabeza rapada abrió todo el espacio para que Davis hundiera la bola en la cesta (56-68) y el Caja pusiera los dos pies en la final.

El sobresaliente ejercicio defensivo le dio al Cajasol una gran estabilidad, que se asentó además después de que durante el tanteo de los dos primeros cuartos los sevillanos encontrasen la senda adecuada en ataque, la variable del juego más difícil de amarrar. Louis Bullock, que hoy buscará junto a su entrenador, Joan Plaza, revalidar el título que ya ganaron juntos con el Real Madrid en 2007, llegó a Sevilla para días como estos. Estuvo horrible en el tiro (1 de 10, de ellos 1 de 9 en triples), pero anotó 12 puntos de tiro libre, gracias a las faltas que recibió por su preponderancia en el juego ofensivo. Sumó buenas defensas y asistencias. Si hubiese tenido un día medianamente bueno en los lanzamientos, seguramente el Caja hubiese entrado en la final con menos agonía. La sostenibilidad de la gesta también tuvo otros tres pilares en contextos diferentes. Tomas Satoransky tiene 19 años. Nadie se acordó de ello salvo en una acción donde le pudo la adrenalina y lanzó un contrataque cuando, con el partido casi en el canasto, el partido requería pausa. Plaza casi se lo come. Pero más allá de ello, hay que valorar el temple que tuvo para asumir la condición de primer base, cuando Calloway no estaba ni física ni mentalmente a la altura del compromiso. Paul Davis estuvo a la altura de sí mismo, que es mucha altura, pero la sorpresa fue Katelynas, de imponente  aportación al colectivo. Ayer fue un gran día, pero hoy, hoy... 

Benetton Treviso (16+17+17+13): Smith (8), Markovic (13), Gentile (6), Motiejunas (4), Skinner (6) -cinco inicial-, Cazzolato (-), Bulleri (15), Nicevic (-), Peric (9) y Brunner (2).

Cajasol (22+18+16+19): Satoransky (6), Bullock (14), Kirksay (16), Katelynas (10), Triguero (7) -cinco inicial-, Urtasun (3), Sastre (-), Calloway (1), Davis (14), Ivanov (4) y Burjanadze (-).

Árbitros: Volodymyr Drabikovskiy (Ucrania), Sinisa Herceg (Croacia) y Boris Ryzhyk (Ucrania). Eliminaron por cinco faltas personales a los jugadores del Benetton Montiejunas (m.38), Bulleri (m.40), Gentile (m.40) y Peric (m.40).

Incidencias: Segunda semifinal de la Eurocopa disputada en el Palaverde de Treviso ante unos 5.000 espectadores que casi llenaron las gradas, entre ellos unos trescientos seguidores del equipo español. A falta de un minuto y medio para la conclusión se lanzaron desde las gradas algunos objetos a la cancha que interrumpieron el juego unos instantes. El Cajasol jugará mañana la final ante el Unics Kazan ruso y el Benetton disputará el tercer puesto al Cedevita Zagreb.

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