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La Guardia Civil cautiva a Georgia

La Guardia Civil en poco más de dos semanas de estancia en la ciudad georgiana de Poti se ha ido ganando la confianza y el respeto de la población local, a pesar de que su único nexo ha sido hasta ahora el idioma ruso. Foto: EFE.

el 15 sep 2009 / 17:03 h.

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Carlos Pérez Gil (EFE)

La Guardia Civil en poco más de dos semanas de estancia en la ciudad georgiana de Poti se ha ido ganando la confianza y el respeto de la población local, a pesar de que su único nexo ha sido hasta ahora el idioma ruso.

Los 10 guardias civiles que integran la misión de observación de la UE conviven con otra veintena de observadores griegos, húngaros, austríacos, estonios y letones en el hotel Anchor, el más lujoso de Poti, una localidad que con sus algo más de 50.000 habitantes tiene el puerto más grande de Georgia, inclinado hacia el Mar Muerto.

Desde el día 1, los monitores españoles han comenzado a patrullar desarmados la zona que circunda Poti, en un radio de acción de unos 200 kilómetros que van desde la frontera turca hasta la de Abjasia, una de las dos regiones secesionistas de Georgia, junto a Osetia del Sur.

El objetivo, como el de los 300 observadores europeos esparcidos por la mitad norte del país, es controlar las franjas de seguridad de ambas regiones de las que se han retirado las tropas rusas tras la guerra con Georgia del pasado mes de agosto.

"Situaciones de riego no nos hemos encontrado aún. De momento, la misión es tranquila y va todo sobre ruedas. Las cosas están saliendo bien: los rusos desmontaron sus checkpoints (puestos de control) y se replegaron. Ya no les hemos vuelto a ver", comenta a Efe José Gallego, uno de los 10 agentes. Hasta la fecha, "la gente nos ha acogido muy bien". "La Policía y los alcaldes se vuelcan con nosotros por ser españoles y de la UE", señala Gallego.

El principal escollo en la tarea -prosigue- es el idioma, que obliga a comunicarse con los ciudadanos locales en ruso, un idioma que después de 55 años de pertenencia a la antigua Unión Soviética (1936-1991) comparten con los traductores letones de la misión. "El ruso es como el inglés en Occidente. Todo el mundo lo conoce", apunta Gallego, quien informa de que la situación variará algo en breve con la contratación de varios intérpretes georgianos.

De los 10 agentes, entre ellos el comandante jefe Jesús Castilla, nueve ya han estado en otras misiones en el extranjero, como Bosnia, Afganistán o Irak.

José Gallego, que fue militar antes que guardia civil, formó parte de la brigada española Plus Ultra destacada en la localidad iraquí de Diwaniya tras el derrocamiento de Sadam Husein en 2003. Pese al riesgo que implicó la misión en Irak, Gallego concluye: "No hay dos misiones iguales. Cada país tiene cosas diferentes. El que ha estado en Haití dice que esto (Georgia) es un lujo".

El canario Jacobo Martín, de 29 años, es el novato del grupo al ser su primera experiencia en el exterior. Como los demás, se dedica a patrullar a diario, a entrevistarse con los alcaldes y responsables policiales y a estar con los otros observadores en la oficina, otrora vestíbulo del hotel, en la que cuentan ordenadores portátiles.

Aunque disponen de dos días de descanso, siempre están en la misión porque "no hay centros de ocio". "La población no tiene mucho que hacer. Hay mucho paro", dice Martín. "La ciudad ofrece lo que ofrece. No sé si hay cine, pero ver una película en georgiano... Menos mal que tenemos internet", se consuela Gallego. La atracción del sábado fue la visita del ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos.

En el tiempo que llevan en Poti, lo peor es visitar los guetos donde viven en condiciones de poca salubridad los refugiados osetios y abjasios, muchos de ellos resignados a este estatus desde la guerra civil de 1993.

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