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La guardiana del Cristo de la Cárcel

La hermandad del Cristo de la Cárcel homenajeará este domingo, por su dedicación vital a la imagen, a Rosario González Núñez Niña de la Expertación, que hoy cuenta con 96 años.

el 15 sep 2009 / 05:12 h.

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La hermandad del Cristo de la Cárcel homenajeará este domingo, por su dedicación vital a la imagen, a Rosario González Núñez Niña de la Expertación, que hoy cuenta con 96 años. "El Cristo de la Cárcel forma parte de mi vida como yo de la de él", sintetiza la que fue su mayordoma desde niña.

La cofradía premia de este modo la labor de una vida de entrega y amor al Cristo de la Cárcel, iniciada de forma natural siendo ella aún muy niña, ya que vivía (y vive) frente a su ermita en la céntrica Plaza de las Flores de Mairena del Alcor. Fue primero la curiosidad, seguida por la devoción más tarde, la que alambicó la relación.

De los anteriores cuidadores que conoció, Angelita y Crespo, heredó una fe y devoción que aún permanece. Para ella, nunca fue un impedimento el horario ni el día cuando se trató de abrir la capilla para el culto a la imagen. Bien si se trataba de orarle, encomendarse a ella por la razón más peregrina, una visita a destiempo de cualquier foráneo o grupo, colocarle un ramo de flores... Lleva a gala no haber hurtado jamás la visita al Cristo de la Cárcel a nadie: camioneros de partida a un largo viaje, parturientas, enfermos... siempre vieron flanquedo el camino de la capilla gracias a su encomienda de una de las tres únicas llaves que del recinto existen.

Esa fidelidad y devoción son las que reconocerá el domingo en El Cine, en el contexto de un almuerzo, la corporación, cuyo hermano mayor, Francisco Capitas, asegura haber recogido e impulsado el testigo de una vieja idea amasada en el seno del colectivo como una de las primeras iniciativas de su recién constituida junta de su gobierno.

Numerosísimos han sido los sacerdotes a los que ha ayudado a preparar misa esta mujer, incontables los exvotos colocados en torno a su altar por favores recibidos, los ramos de flores cedidos por sus fieles expuestos con primor, los donativos introducidos en su limosnera por los devotos, las velas encendidas, o las estampitas de la imagen repartidas. De éstas aún posee un buen taco en casa, que sigue repartiendo a la menor ocasión.

En definitiva, una vida de unión con el crucificado de la antigua cárcel mairenera, una de cuyas reproducciones cuelga de su salón, como porta en su cuello su medalla.

El rezo diario del rosario con unas cuentas del propio Cristo de la Cárcel es otra de sus adicciones diarias. Por eso, se muestra tremendamente agradecida por el reconocimiento, y sólo lamenta no ser más joven para poder seguir dedicándose a la imagen.

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