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La 'guerra' a las palomas arranca en ocho zonas con saturación

El Juncal, Gavidia, Ponce de León y Pino Montano, entre los objetivos.

el 16 ene 2011 / 14:45 h.

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La parroquia de San José Obrero fue desde donde salió la última voz de alarma: hay demasiadas palomas y están dañando el tejado del templo. Y los vecinos de El Fontanal ya hace tiempo que vienen denunciando los problemas de lo que consideran una auténtica invasión. No son los únicos sitios, porque el Ayuntamiento ha detectado hasta ocho zonas en la que la situación es más preocupante, de ahí que se hayan declarado prioritarias a la hora de actuar.

 

Los puntos concretos son los siguientes: San Martín de Porres, plazas Jerónimo de Córdoba/Ponce de León, El Juncal, Gavidia/Concordia, hospital psiquiátrico penitenciario, el triángulo Tesalónica-Hebrón-Nínive en San Pablo y las calles Corral de las Maravillas (Pino Montano) y Francisco de Ariño y Niña, en el entorno de la Carretera de Carmona. A todos estos enclaves hay que sumar la intervención en el colegio público Manuel Canela, en La Oliva.

¿Tantas palomas hay en Sevilla como para justificar actuaciones de emergencia en tantas zonas? Desde el Ayuntamiento se reconoce que sí, que la población se ha desbocado, aunque se subraya que el número de avisos por los problemas que generan son similares a otros años. No hay cálculos sobre la cifra aproximada de ejemplares, pero sí que ésta ha aumentado considerablemente y que además muchas están enfermas o parasitadas.

Desde la Delegación de Salud y Consumo, que dirige Teresa Florido (PSOE), se apunta incluso que estamos ante un problema de salud pública, ni mucho menos alarmante pero sí bastante conflictivo para el que lo sufre. Los monumentos y edificios (como bien sabe la Catedral hasta que tomó medidas) sufren la erosión de sus deposiciones, a lo que se une que, según Salud, "los nidos son focos de gérmenes por las deyecciones y parásitos como ácaros e insectos que pueden llegar a entrar en contacto con las personas". A esto hay que unir problemas de suciedad, ruidos y daños, porque destrozan zonas ajardinadas y plantas.

Asimismo, en la valoración de la delegación municipal se pone el acento en otra cuestión: la costumbre de echarles residuos y restos de comida para alimentarlos en lo que se define como "un mal entendido amor por los animales". Esto, además de favorecer el establecimiento e incremento de las colonias de palomas, "puede atraer a otros animales como roedores o insectos". Por ello, en la nueva ordenanza, que se pretende aprobar en febrero, se multará hasta con 500 euros esta práctica. Eso sí, esto sólo servirá si al final se sanciona de verdad.

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