Local

La guerra de los árboles

Sevilla tiene varios miles de árboles más que hace 25 años, plantados muchos de ellos en jardines no sólo para que den oxígeno: también para contribuir a la calidad de la ciudad, a su civilización.

el 14 sep 2009 / 23:26 h.

Sevilla tiene varios miles de árboles más que hace 25 años, plantados muchos de ellos en jardines no sólo para que den oxígeno: también para contribuir a la calidad de la ciudad, a su civilización. No hay una civilización medioambiental y otra civilización cultural, sólo civilización, en la que entran por igual la calidad de los edificios, la belleza de su disposición en un espacio y los servicios que desde ellos se prestan; los jardines que los unen o rodean aportan un elemento más al conjunto con mejor o peor fortuna: la de los del Prado no es precisamente cuantiosa, y su diseño deja mucho que desear. En cualquier caso, aquello no es la Amazonía.

Precisamente deforestaciones salvajes como la de allí han retorcido el lenguaje medioambiental llenándolo de términos bélicos, cuando en la guerra se enmascaran. Los muertos civiles en un bombardeo son "efectos colaterales", mientras al transplante de árboles para levantar una biblioteca se lo llama "eliminación". Talar un árbol (por el simple hecho de serlo) está a punto de convertirse en "asesinato vegetal", expresión que sin embargo no se aplica a la siega del trigo, aunque éste se siembre para sacar harina lo mismo que las choperas se plantan para obtener papel. Pero el trigo no crece en la ciudad donde las cosechas son de votos y, retorciendo a Claussevitz, la política es la continuación de la guerra por otros medios.

Antonio Zoido es escritor e historiador

  • 1