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La guerra moderna

No deja de rondarme la idea de que el fútbol de selecciones ha venido a sustituir a las otrora comunes guerras entre naciones. En el siglo XXI, a Dios gracias, los países de nuestro mundo van entendiendo la aberración que supone la violencia.

el 15 sep 2009 / 07:29 h.

No deja de rondarme la idea de que el fútbol de selecciones ha venido a sustituir a las otrora comunes guerras entre naciones. En el siglo XXI, a Dios gracias, los países de nuestro mundo van entendiendo la aberración que supone la violencia. Salvo determinados conflictos territoriales por resolver, la amenaza sinsentido del terrorismo y la actitud de cierto país, autoproclamado Sheriff del planeta, la paz parece que se instaura en nuestro pequeño globo. O, al menos, la no-guerra. Pero el hombre necesita calmar sus ancestrales ansias de expansión y conquista. Antes, las guerras se iniciaban, generalmente, por un quítame allá esos territorios o por ese anacronismo que supone intentar imponer una determinada fe.

Desde Mesopotamia a la Alemania de Hitler o la Serbia de Milosevic, pasando por Persia, Egipto, Roma, Grecia, el Islam, los Bárbaros del Norte, la Europa tradicional e, incluso, la España conquistadora, todos han participado en guerras territoriales o religiosas. Ahora, el hombre, mientras intenta desesperadamente clarificar quién es y a qué pertenece, busca conseguir allende sus fronteras, aún confusas, el respeto y la admiración de sus congéneres de otros países y culturas.

Y a fe que España lo ha conseguido. Ha derrotado en la batalla a Suecia, país nórdico, dicen, de los más desarrollados socialmente. A Grecia, anterior campeona de Europa. A Rusia, por dos veces; país más poblado y emergente potencia económica, social y futbolística. A Italia, ¡ay Italia!, con sus propias armas; los primos mediterráneos, campeones, siempre competitivos, nuestra moderna maldición, furiosos ellos por haberles superado en renta per cápita (por cierto, pido perdón por mi pesimismo antes del partido; a veces, hay que hacer lo que sea para revertir lo inevitable). Y, por fin, a Alemania, la locomotora Europea, históricamente conquistadora y campeona. España, la multicultural, ecléctica y una, la moderna y tradicional, la tecnológica y artista, ha prevalecido sobre la Europa de siempre. Y ello, curiosamente, coadyuva a delimitar con sorprendente precisión qué y quiénes somos. Nos llamamos España, y somos Españoles. Que se oiga bien alto.

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