Cofradías

La herencia mariana del 37

La Guerra Civil dilapó el patrimonio de las cofradías, lo que les llevó a contratar la hechura de nuevas dolorosas, hace ahora 75 años

el 29 jul 2012 / 18:29 h.

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Así quedaron los titulares de La O tras el asalto al interior de su parroquia.

Los terribles sucesos que sacudieron la ciudad en el mes de julio de 1936 tuvieron una especial incidencia sobre el patrimonio material e iconográfico de sus hermandades y cofradías. El fuego arrasó los templos y con ellos la devoción de siglos que arrastraban algunas imágenes que perecieron presa de las llamas. Con ellas se cerraba una página de la fe cofradiera de Sevilla pero se abría un nuevo horizonte en el que los escultores más renombrados de la época gubiarían un catálogo de hermosas tallas que desde entonces guardan los rezos anónimos de los sevillanos. Pues 75 años después, ni el fuego ni el olvido han logrado apagar el fervor hacia la herencia mariana de la Guerra Civil.

El extremo norte del Casco Antiguo fue una de las zonas más afectada por los enfrentamientos entre ambos bandos. Desde San Gil hasta San Julián -aquel Moscú sevillano- pasando por las calles San Luis y Feria, los templos fueron incendiándose como en una hilera de llamas que prácticamente no dejó nada a salvo, ni el patrimonio material ni el sentimental. De todas las pérdidas que se contabilizaron, una de las más destacadas fue la de la imagen dolorosa de la Virgen de la Hiniesta. No la originaria de Martínez Montañés, que pereció en el incendio de San Julián del año 1932, sino la primera que realizara para la corporación el imaginero Antonio Castillo Lastrucci, en el año 1934, y que recibía culto en la parroquia de San Marcos, realizando su estación de penitencia desde la iglesia de Santa Marina en los años 1934 y 1935. La actual sería bendecida el 5 de septiembre de 1937, obra del propio Castillo, fecha que la hermandad conmemorará con un besamanos extraordinario en la capilla donde la imagen sigue recibiendo la devoción de San Julián cada día.

La quema de estas imágenes convirtió a Castillo Lastrucci en el gran restaurador de la época. De hecho, su fama le posibilitó que en los años sucesivos realizara buena parte del catálogo de imágenes secundarias que procesionan en la Semana Santa. Así ocurrió en Triana. El templo de la calle Castilla no fue incendiado, pero sus imágenes, entre ellas la primitiva Virgen de la O, fueron arrojadas a la calle. De aquellos sucesos han pervivido numerosas leyendas como que a la dolorosa le fueron arrancados sus ojos a puñaladas. Sólo los que lo vivieron podrían contarlo.

Con esta perspectiva, la junta de gobierno decidió encargar un informe a Castillo sobre la viabilidad de restaurarla. No fue posible. En su lugar, realizó una nuetalla que sería bendecida el Lunes Santo de 1937, con idea de que ese mismo año pudiera procesionar. Los restos de la dolorosa no se perdieron en los sucesos, pues la hermandad decidió guardarlos y posteriormente restaurarlos para su exposición en una de las salas de la corporación. La junta de gobierno celebró esta efeméride el pasado 18 de marzo con un besamanos extraordinario en el templo de La O.

En la hermandad de Los Gitanos la conmemoración de este aniversario será un traslado en andas de la Virgen de las Angustias hasta San Román, el próximo 8 de septiembre, para la celebración de una eucaristía. Fue precisamente el incendio de ese templo el que provocó que se perdiera en 1936 la imagen mariana de la corporación de la Madrugá. Fue un tiempo muy duro para la hermandad que prácticamente perdió todo el patrimonio del que disponía y que se vio obligada a trasladarse hasta Santa Catalina.

Una bellísima imagen del siglo XVIII, atribuida a Montes de Oca, que se había convertido en una de las dolorosas con más devoción en la zona se perdió entre las llamas del incendio de la parroquia. El fuego la arrasó, pero regaló a Sevilla la nueva imagen de la Virgen de las Angustias, realizada por Fernández Andes, y que fue bendecida el 14 de marzo de 1937 por el padre Pedro Ayala. Curiosamente, ese mismo año la hermandad realizaría su estación de penitencia únicamente con la imagen de la dolorosa, que fue portada en el paso de palio cedido por la hermandad del Baratillo.

GRACIA... Y ESPERANZA. Otro de los incendios más devastadores fue el que afectó a la parroquia de San Roque, Entre el patrimonio calcinado se encontraban las imágenes titulares de la corporación del Domingo de Ramos, que no lograron salvarse. Sí lo hizo el paso del Señor que se encontraba en un almacén, algunas piezas del palio y la corona de la Virgen, que guardaba su camarera. Hasta ese momento, se veneraba a una imagen de Blas Molner, la Virgen de Gracia, que perteneció a la antigua hermandad del Cristo de San Agustín, del siglo XIV.

Sin sus titulares, la corporación se trasladó a la iglesia de Santiago, aunque por las dimensiones de la puerta saldría al año siguiente desde San Ildefonso. Ese 1937 ofreció dos imágenes singulares. La cofradía salió el Lunes Santo a causa de la lluvia y lo hizo con una Virgen vestida de hebrea, recién tallada por Vergara Herrera, al pie de la Cruz y en el paso del Señor que se salvó de las llamas. Además, sus nazarenos lucieron túnicas cedidas por la hermandad de San Bernardo. Hasta el año siguiente no llegaría la Esperanza. Fue el 30 de octubre de 1938 cuando se bendijo en la iglesia de Santiago la Virgen de Gracia y Esperanza, obra de Fernández Andes.

SAN BERNARDO. La actual Virgen del Refugio de San Bernardo no fue la primera talla que atesoró la devoción de este barrio. Anteriormente, la corporación veneró a una dolorosa -en la imagen superior- que desapareció en el incendio originado en la parroquia en 1936. San Bernardo contó también con otra imagen que había procesionando en Málaga y Sevilla, con la hermandad de Santa Catalina, y que fue cedida por su dueño, aunque se descartó al no gustar a la junta de gobierno.

Se encargó entonces una nueva talla al escultor Sebastián Santos que llegaría en el mes de noviembre de 1938. Como consta en el archivo de la hermandad su coste ascendió a 3.500 pesetas, según el contrato firmado por el entonces hermano mayor, Antonio Filpo Rojas. Fue bendecida el 1 de enero de 1939, por el cardenal Segura.

 

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