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La Hispalense suspende la entrega de portátiles para ahorrar

La situación económica es crítica y no se descartan nuevos planes de ajuste como el aprobado en julio

el 10 sep 2012 / 19:15 h.

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La calle Alcalá y Ortí ha cambiado su sentido de circulación tras la aplicación del plan de accesibilidad.

Cuatro cursos después y tras haberse beneficiado algo más de 32.000 estudiantes (a razón de 8.000 por año), la crisis ha puesto las cosas en su sitio: la Universidad de Sevilla se ha visto abocada a zanjar el programa un portátil-un alumno. A partir de este curso a punto de estrenarse, los estudiantes no percibirán este ordenador que podían mantener durante los años de estudios para, al final, hacer dos cosas: o bien quedárselo (la Universidad en este caso no les devolvía la fianza de 150 euros para evitar destrozos y pillaje) o bien devolverlo. En este último caso, los estudiantes tampoco recuperaban la fianza en caso de que el portátil presentara daños.

La decisión se tomó en el último Consejo de Gobierno del curso pasado (25 de julio), cuando fue aprobado el plan de optimización de recursos , bajo cuyas pomposas siglas lo que se esconde es un ahorro urgente de 10 millones de euros en gasto corrientes. En dicho documento, al que ha tenido acceso este periódico, se recoge en el apartado Reducción de grandes políticas de gastos centralizadas una partida de 363.100 euros en concepto del programa un alumno-un portátil.

Ésta es la cantidad que recortará la Universidad de Sevilla en esta medida que, en 2008, el entonces candidato a rector Joaquín Luque defendió en campaña electoral alegando un ahorro de costes. El programa era rentable, justificó, porque un portátil podía costar entre 400 y 500 euros mientras que el coste del mantenimiento de un aula de informática superaba los 30.000. La maltrecha situación de las arcas universitarias no da lugar a defensa alguna en estos momentos.

Pese a todo, la Universidad de Sevilla está estudiando la posibilidad de mantener una fórmula no idéntica pero sí "parecida" a la que ahora se entierra con el fin de facilitar el acceso a las nuevas tecnologías entre su alumnado, adelantaron fuentes académicas.

En el plan de austeridad, la Universidad de Sevilla recorta un 15% el presupuesto a los centros, departamentos y servicios generales. A todos por igual, sean cuales sean sus necesidades y especificidades. Para "minimizar" el impacto de esta merma, se propone revisar los pliegos de contratación de servicios, los contratos de suministros y fijar un mismo proveedor para todos los centros.

La situación económica de la Universidad de Sevilla es, como la del país, crítica. A fecha 31 de diciembre de 2011, la deuda de la Junta con la institución sumaba 150 millones de euros, cifra que no para de engordar habida cuenta de que la administración andaluza no pone el contador a cero. Ante esta realidad, la Universidad de Sevilla "no descarta más ajustes" (léase nuevos planes de optimización de los recursos en jerga económica) con los que poder seguir funcionando con normalidad.

Mientras tanto, y con vistas a evitar un colapso en el día a día de la Universidad, el plan de ajuste de la Hispalense baja al más mínimo detalle. En el capítulo Otras acciones, la Gerencia pide que, "en caso necesario", se imprima por las dos caras de un folio, que no se ponga la calefacción más alta de 21 grados y el aire acondicionado por debajo de 26; que haya un "replanteamiento del uso de los móviles"... La Universidad también pide a los centros y a sus servicios centrales que se "amorticen" los equipos existentes como "requisito previo para una nueva adquisición", plantea un uso compartido de los equipamientos, la reparación de equipos, enseres y mobiliarios antes de su sustitución e iniciar las grandes obras cuando se obtenga la financiación necesaria. No obstante, hay obras que se están acometiendo al estar financiadas con fondos europeos (Feder). Estos obligan a invertir las cantidades concedidas en un plazo de tiempo bajo pena de perderlas.

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