Cultura

La historia hilada del teatro

El Casino de la Exposición acoge hasta el 16 de noviembre la exposición que recorre 30 años de trabajo de la figurinista Carmen de Giles.

el 22 sep 2014 / 12:00 h.

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Imagen de la muestra. / Foto: J.M.Paisano Imagen de la muestra. / Foto: J.M.Paisano

El punto de partida fue «un mantelillo que tenía de Ikea». Ese, precisamente ese, era el material que necesitaba. Después de remover Roma con Santiago, resultó que aquello se llamaba espuma de EVA, que se usa para manualidades pero en cantidades pequeñas, algo «muy blandito para los niños». Pero claro, necesitaba poco menos que una montaña, así que se lo tuvieron que fabricar especialmente. Así pudo atender el encargo que le había hecho el Canijo de Carmona para su chirigota, que en 2009 se presentó en el Falla con Las Muchachas del Congelao. Fue su primera incursión en el Carnaval y se llevó la Aguja de Oro, lo que se dice llegar y besar el santo.

«No veas el susto cuando me llamó el Canijo para encargármelo». La del susto es Carmen de Giles, de cuya imaginación han salido en las tres últimas décadas buena parte de los diseños que han vestido a las principales compañías de teatro locales, de La Cuadra a Atalaya, pasando por los Ulen, acompañando también a las fantasías de Martirio o a la voz de Esperanza Fernández. La historia del mantelillo de Ikea ilustra una forma de trabajar que arrancó a principios de los 80 con una tienda de ropa de vanguardia, y que inmediatamente se adentró en el mundillo artístico local porque «se corrió a voz de que hacía cosas muy raras».

El resultado de estos 30 años largos de carrera puede verse ahora, y hasta el 16 de noviembre, en el Casino de la Exposición, con una muestra que básicamente es un paseo por la historia viva del teatro sevillano y que es el resultado de una selección de piezas que le ha costado un mundo. «Es que es muy difícil elegir entre tus hijos», se defiende, así que después de repasar más de 3.000 imágenes acabó quedándose con 600 fotos y con lo más vistoso de la exposición, medio centenar de maniquíes con sus principales diseños.

Carmen de Giles estudió Psicología y Farmacia, y si ahora está aquí es por aquella tienda que montó con unos amigos. Sus inicios son recuerdos de un patio de San Laureano que bullía de pintores, fotógrafos y otros artistas. Esta autodidacta que acabó como profesora de la Escuela de Diseño ha vestido más de cien obras de teatro, ballet, flamenco y ya es una presencia no tan extraña en el Carnaval de Cádiz, de hecho vuelve ahora al Falla con el Canijo (también ha trabajado con Tino Tovar) con un diseño que por supuesto es ultrasecreto, no puede haber la más mínima filtración porque si no se lía.

Carmen de Giles con su Medea, al que señala como su diseño preferido. Carmen de Giles con su Medea, al que señala como su diseño preferido. / J.M.Paisano

Eso sí, el cine ni olerlo. «Que no, lo hice una vez y nunca más, que yo no puedo con ese ritmo, no lo soporto. Y de la publicidad ni hablamos...». Pero claro, como no puede decirse nunca eso de que de este agua no beberé... «Hombre, si me encargaran algo como Amadeus en Hollywood pues sí, pero es que el 99,9% del cine que se hace en España es muy actual, para eso te alquilas la ropa en Cornejo, que tiene 15 plantas de todo, con una para la Guerra Civil y otra para romanos».

Lo suyo es otra cosa, diseños especiales para «clientes muy fieles» que, eso sí, alguna vez se han llevado su susto, como Alfonso Zurro, que le encargó unos figurines inspirados en la Comedia del Arte, con sus Polichinelas y demás, y se encontró con algo muy distinto. «Tuvo que modificar hasta los movimientos de los actores y todo para que se ajustaran a la ropa», recuerda. Para evitar sorpresas, acude a los ensayos generales y así se queda mejor con la copla de lo que hace falta sobre el escenario.

¿Qué es lo que ofrece Carmen de Giles para que lleve ya tres décadas sin que le falte el trabajo? «Pues seriedad, diseños que gustan y la seguridad de que sé interpretar lo que quieren», enumera, a lo que añade taller de confección propio, allá en el polígono industrial El Pino, «que casi todos los figurinistas diseñan pero luego no hacen sus modelos». Y eso de tener su taller es lo que, además, le permite seguir experimentando, y eso nos conecta otra vez con el mantelillo de Ikea y Las Muchachas del Congelao, «porque yo le decía al Canijo que a mí me gusta hacer cosas nuevas y lo de las princesas Disney está muy trillado». Así surgió lo de la espuma de EVA, que daba un aire rígido, como de muñeca de plástico, con lo que el efecto fue rotundo.

En el Carnaval de Cádiz se presentó por primera vez con Las Muchachas del Congelao. En el Carnaval de Cádiz se presentó por primera vez con Las Muchachas del Congelao.

Cuesta arrancárselo, pero si tiene que quedarse con uno de sus hijos al final elige a su Medea y hasta se hace la foto con ella. Entre otras cosas, se queda con ella porque fue el diseño con el que ganó su primer premio, porque es uno de sus personajes favoritos y porque el traje todavía aguanta pasada una década, una pieza por cierto que nació cuando vio en la calle pencas de palmeras que habían podado y trasladó esa idea al cuero porque lo vegetal, claro está, no aguantaba el tirón.

Puestos a seguir eligiendo, apunta como su encargo más difícil al de los uniformes para la Cabalgata de la Expo allá en 1992, porque eran muchos y con la obligación (bajo penalización) de hacerlos en un tiempo muy corto. ¿Y le queda algo por hacer después de tres décadas? Pues sí, ópera, pero lo ve complicado porque «aquí se hace muy poca producción propia. Hombre, ya puestos me gustaría hacer algo muy barroco para la Ópera de Milán, pero eso desde Sevilla es muy difícil».

Quién sabe, igual un día alguien le habla a alguien de esa artista que utiliza como material «lo más raro que me encuentre», de una diseñadora que no sabe «lo que es moderno o lo que se lleva en la moda de temporada», pero que al final es como una farmacia de guardia en esto del vestuario: «Cuando no saben a quién acudir, vienen a mí».

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