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La hora del Metro, del blindaje al tráfico del Centro y de retocar el Gobierno

PSOE e IU afrontan un curso clave. Tras un primer año casi en blanco, los socios de Gobierno tienen por delante nueve meses para que la ciudadanía visualice la realidad de proyectos de calado como el del Metro, el cierre del Centro al tráfico o la aplicación de la ordenanza antivandalismo.

el 15 sep 2009 / 11:00 h.

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PSOE e IU afrontan un curso clave. Tras un primer año casi en blanco, los socios de Gobierno tienen por delante nueve meses para que la ciudadanía visualice la realidad de proyectos de calado como el del Metro, el cierre del Centro al tráfico o la aplicación de la ordenanza antivandalismo.

Si se cumplen los retos marcados y no se mantiene el mensaje de que los plazos son secundarios, Alfredo Sánchez Monteseirín llegará al mes de mayo como alcalde de una ciudad con Metro tras décadas de espera, con una amplia reordenación del tráfico activada que tiene su origen en el sentido único de la Ronda; con un Centro restringido al tráfico y con los accesos controlados por cámaras, con una nueva ordenanza antivandalismo regulando la convivencia entre los ciudadanos -y un plan integral contra la prostitución callejera-, con la Encarnación a punto de terminar y la Plaza de España afrontando su enésimo proyecto de rehabilitación, con las obras de la ampliación de la red de carriles bici iniciadas, con un servicio de atención al ciudadano 072 en tres días. Y también con un segundo Plan de Barrios de ambiciosa inversión y con el mandato de construir más de 18.000 VPO con las que relanzar el sector de la construcción.

Con todo esto en las alforjas y viéndosele la punta se obtendría un balance suficiente para presentarse en el ecuador del mandato con un mensaje optimista, no sólo con vistas al electorado, sino a su propio partido. Se cumpliría así, además, el librillo del buen alcalde: concentrar los logros entre el ecuador y el tercer año del mandato al objeto de dejar el cuarto para presentar nuevos proyectos y que la población pueda descansar de tanta obra.

No será fácil. Hasta aquí la teoría y lo que se espera y se tiene planificado. Sólo que en contra del Gobierno muncipal juegan varios factores. El primero, la inercia del Gobierno. En los últimos años se ha embarcado en una maraña de promesas incumplidas y plazos ampliamente rebasados. Hay un gran sector de la población reticente a los proyectos de Monteseirín, quien tiende cada vez más a tratar de evitar molestias y malestares ciudadanos.

El plan para peatonalizar el Centro lleva más de un año varado y sigue sin haber plazos (y no porque Movilidad no haya querido acelerarlo); el plan director de aparcamientos para residentes continúa acumulando retrasos y son varias las instalaciones paradas por los propios vecinos. Tampoco llevan buen ritmo los planes de contra el vandalismo o la prostitución callejera, que han provocado un intenso debate interno que se ha vuelto a reabrir ahora a raíz de que el alcalde haya abierto la posibilidad a instalar cámaras "para espantar a los clientes", yendo en contra el criterio de IU.

Y queda el que se ha convertido en el paradigma de los problemas del Gobierno: el Metrocentro. El que fuera el emblema del anterior mandato no va a pasar estos cuatro años de San Bernardo debido a la falta de consenso, una ampliación mínima e insuficiente para los criterios marcados por los dos socios de Gobierno. Pese a esto, los plazos trazados para este proyecto devuelven a la ciudad a una situación similar a la de 2007: el tranvía estará en marcha en su nuevo recorrido poco antes de las elecciones, para que cale al máximo en los ciudadanos.

Ayudas de la Junta. El segundo factor está fuera de Plaza Nueva. Los grandes retos de este curso están vinculados al marco de colaboración que consiga mantener el alcalde con la Administración autonómica. El vicepresidente de la Junta, Gaspar Zarrías, ha mantenido varios encuentros con el regidor en este verano. Del Gobierno amigo dependen los planes más ambiciosos y es en parte responsable de que éstos no hayan avanzado en el primer año del curso: el plan municipal de vivienda depende del autonómico, que aún no está aprobado pese a que debía estar hace meses; el segundo Plan de Barrios requiere de una cuantiosa aportación económica de la Junta y de la creación de oficinas integrales de cooperación, que todavía no están cerradas; los plazos del Metro y el trazado de las líneas 2, 3 y 4 dependen de una Consejería de Obras Públicas cada vez más distanciada del Gobierno local; el convenio para la erradicación del chabolismo en El Vacie se ha aplazado durante meses; los vaivenes para crear la Ciudad de la Justicia no cesan...

El listado es largo y da lugar a dos reflexiones distintas pero complementarias: el peso orgánico de Monteseirín en el PSOE y el periodo de crisis en el que está sumido el país, que provoca una modificación de las prioridades presupuestarias de las administraciones autonómica y local.

Con respecto a la primera de estas cuestiones, Alfredo Sánchez Monteseirín ha sufrido una dura derrota este verano. Su sector, encabezado por Demetrio Pérez, ni siquiera pudo presentar su candidatura en el congreso del PSOE. El regidor, además, quedó excluido de los órganos de decisión provincial, autonómico y estatal. Lo mismo que sus más estrechos colaboradores. A esto se añade que no fueron pocos los gestos de desagrado y de disconformidad con la estrategia marcada por los críticos en el último congreso con una batalla abierta al margen de la estructura interna del partido. El PSOE-A luchará por que no se pierda la Alcaldía de Sevilla, pero este curso debe reflejar si Monteseirín es una prioridad para el Gobierno andaluz.

Se llega así a una segunda clave: la crisis económica tendrá un reflejo en este curso. Por un lado, puede ser posititiva puesto que se van a activar todos los proyectos posibles de obra pública para paliar la mala situación del sector de la construcción. Por otro, tendrá una repercusión: hay menos dinero para gastar e invertir y muchos planes quedarán congelados. A esto se añade la precaria situación económica del Ayuntamiento, que no es exclusiva de Sevilla, y de hecho es uno de los pocos consistorios que han eludido un plan de saneamiento (que implica el control por parte de la Junta) en el primer año de aplicación de la Ley de Estabilidad Presupuestaria. Pero afecta, y hay que recortar gastos y buscar recursos para las inversiones.

Pese a estos obstáculos, el Gobierno tiene un símbolo al que aferrarse: si Monteseirín y Antonio Rodrigo Torrijos (portavoz de IU) se suben este año al Metro, marcarán un punto de inflexión. Tras décadas, se convertirán en los protagonistas de la ejecución de uno de los proyectos más demandados. El diseño de las líneas 2, 3 y 4 (que tantos quebraderos de cabeza está provocando) quedará en un segundo plano, en el reverso de una estampa abarrotada de cámaras con los miembros de PSOE e IU y de la Junta en primera fila.

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