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La huelga de basuras se encona entre denuncias por sabotaje y vandalismo

No se ha producido ninguna reunión a pesar de que la ciudad acumula más de un milón de kilos de residuos.

el 29 ene 2013 / 11:05 h.

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Plaza del Cronista, entre Feria y San Luis.

La huelga de Lipasam entra en vía muerta envuelto en una deriva de acusaciones que poco invitan a una resolución a corto plazo. No se habla de propuestas y contrapuestas. Si hubo reunión, no fue para negociar, sino para que la dirección de Lipasam y el comité de empresa se acusaran de incitar una guerra sucia, con incumplimientos varios de ambas partes. Pero para sucias, las calles de Sevilla, que acumulaban basura a una velocidad de vértigo: hasta ayer a las tres de la tarde -40 horas de huelga- se habían dejado sin recoger 1.100 toneladas de residuos, según los trabajadores, que indica que sólo se ha recogido un 17% de los residuos que genera la ciudad. El Ayuntamiento sólo hizo balance hasta la mañana de ayer: los servicios mínimos recogieron 252 toneladas cuando un día normal son 1.075 toneladas. En todo caso, coincide en que ese ritmo nada tiene que ver con Granada -menos población y mucha menos extensión-, que en 13 días de paro acumuló en sus calles unas 2.900 toneladas.

Los contenedores no dan abasto, pero no por ello se destensa el pulso. El Ayuntamiento de Sevilla insistió en que se cumplen los servicios mínimos, pero no exento de dificultades. Hasta pidió a la Junta ampliarlos en talleres ante el cúmulo de averías sufridas en los camiones. Unas incidencias que se suman a un balance hecho a modo de parte de guerra: un par de contenedores ardiendo en Viapol y Los Bermejales, vuelco de otros por encapuchados en calles de Polígono San Pablo y Nervión y barricadas a la altura del zoosanitario. Al discurso del "vandalismo" se sumó el alcalde, no sin antes insistir en que el Consistorio mantiene la mesa de negociación abierta. Pidió disculpas a los sevillanos para, a continuación, hablar de "sabotaje" a los servicios mínimos. "Pido a los trabajadores que comprendan la situación que estamos viviendo y que piensen en la ciudad, en todos los sevillanos y en que la situación es difícil para todos", manifestó.

Lejos de calmar, el mensaje encrespó los ánimos. La plantilla no sólo negó tales acusaciones sino que contraatacó presentando denuncias por incumplimiento de los servicios mínimos. Para ello, aludió que el Consistorio hizo uso de voluntarios de Protección Civil para enderezar los contenedores de recogida lateral y de personal de 072 Reur para limpiar las calles, ambos extremos desmentidos por el Consistorio. Hasta tuvieron conocimiento de una asociación de vecinos de Pino Montano que se dedicó a recoger los residuos.

Pero, más que eso, defendieron lo que consideran que está siendo su modelo de paro indefinido. "Nuestra huelga es reivindicativa y no hay que darle la más mínima excusa para que la conviertan en huelga salvaje", trasladó el portavoz del comité, Antonio Bazo, como aviso a navegantes a los más de 500 trabajadores que se dieron ayer cita en la Plaza Nueva, en una protesta que, pese a ser pacífica, sí que hizo estragos en la citada plaza y en las calles más comerciales del Centro, reconvertidas en estercolero de papel, confeti, cáscaras de pipas y vasos de plástico. No hacía falta eso para demostrar que el Centro sufría los primeros efectos de la huelga, con bolsas de basura fuera de los contenedores de la Campana o en la Gavidia. Pero nada que ver con la presunta violencia de la noche. Salvo pitadas, algún insulto y petardos lanzados, no hubo esa virulencia. De hecho, la delegada de Hacienda, Asunción Fley, pasó desapercibida cuando entró en la casa consistorial. Entre esos dos frentes, está la oposición. Los portavoces de PSOE e IU coincidieron en mensaje y en saludar a la plantilla. Ambos exigieron a Zoido que se sentara a negociar. Sólo hubo un toque diferenciador. IU pidió a los vecinos que "no se dejen engañar" por la campaña realizada contra la plantilla.

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