Economía

La huelga sigue viva y provoca los primeros cierres en gasolineras

Faltan quince minutos para la medianoche y una hilera de vehículos aguarda con paciencia su turno en improvisadas colas. Los surtidores de un centro comercial a las afueras de la capital son testigos de la psicosis que ha agotado los recursos de varias gasolineras.

el 15 sep 2009 / 06:07 h.

Faltan quince minutos para la medianoche -momento en el que arranca el paro indefinido de los transportistas- y una hilera de vehículos aguarda con paciencia su turno en improvisadas colas. Los surtidores de un centro comercial a las afueras de la capital son testigos de la psicosis que ha agotado los recursos de varias gasolineras.

No se sabe qué fue primero. Pero lo cierto es que el miedo a quedarse sin gasolina por el paro indefinido de los transportistas ha desatado una oleada de alarmismo de tal magnitud en Sevilla que las primeras gasolineras han comenzado a colgar el cartel de agotado en los surtidores.

Que no cunda el pánico. Quien lo dice es el presidente de la Asociación de Estaciones de Servicio, Roberto Sáenz. Y se muestra tajante. "Se ha producido una psicosis injustificada y demasiado precipitada". De hecho, la única explicación de que la gente haya acudido en masa a repostar desde el pasado fin de semana -además de la salida y llegada de la playa, como atestiguan algunos clientes-, es un temor a que se termine el combustible, que lo que está logrando es, precisamente, el objetivo contrario.

"Que lo tomen con calma y que llenen el depósito cuando lo necesiten". Las colas en las estaciones de servicio se repitieron en muchos puntos de la capital, como en la que Cepsa tiene frente al edificio Galia Puerto. "Parece que se va a acabar el mundo", ironizaban los trabajadores.

"Las colas ayer llegaban por la vía de servicio hasta el campo de la Feria". Es algo que no se recuerda. María Elena Martín espera en su coche a repostar. "Me enteré por el telediario el sábado y he venido hoy porque estaba en reserva". De todos modos, se muestra comprensiva con los motivos que han llevado al sector a la huelga. "Es su medio de vida y creo que es la única manera de que el Gobierno les escuche. Tengo la impresión de que va a ir para largo", comenta.

El paro indefinido del transporte en carretera, convocado por la patronal Fenadismer, que representa el 18% del sector, y apoyado por los autónomos, ofreció ayer una imagen inusual de carreteras vacías de camiones y trailers en Sevilla. Por contra, pequeñas furgonetas y turismos salían a primera hora de la mañana cargados hasta arriba de mercancía de Mercasevilla, pero eso sí, mirando de reojo por eso de encontrarse piquetes informativos.

Uno de ellos, apostado justo antes de la entrada del polígono La Isla en Dos Hermanas, y formado por varias decenas de transportistas autonómos de la Plataforma para la Defensa del Sector del Transporte, actuaban de filtro para cortar el paso a los camiones que circulaban dirección La Isla.

"Nos han invitado a parar el camión". Juan, José Manuel, José Ángel y Francisco Javier llevan desde las seis y media de la mañana estacionados. Junto a ellos, una veintena de camiones y furgonetas diseminadas por la vía de servicio, cuyo número va en aumento. Ya apenas queda sitio. Están de acuerdo con las reivindicaciones, porque el precio del gasóil asfixia sobre todo a pequeños profesionales, pero ellos son asalariados y la empresa manda. "Sólo nos queda esperar".

Se palpa que los ánimos están crispados y los nervios, a flor de piel. Agentes de la Policía Nacional vigilan y, en varias ocasiones, tienen que pedirles que no se metan en la calzada, porque no dudan en plantarse en medio de la carretera para parar un camión.

Unos cuantos incidentes protagonizaron las primeras 24 horas de paro, aunque sin consecuencias personales graves.

Ojos enrojecidos, voz temblorosa y el miedo aún metido en el cuerpo. Manuel Hierro protagonizó uno de esos episodios. A eso de las cuatro y media de la madrugada y, tras pasar diez días en Hamburgo (Alemania), de donde llegaba con un cargamento de cerveza para descargarla en una plataforma logística de La Isla, "un coche me preguntó si sabía que había huelga. Les dije que lo único que quería era dejar el camión e irme a casa".

Pero justo en puertas de su destino, varios coches "con unos cuantos energúmenos" le asaltaron lanzándole pedradas a la luna delantera, rompiendo faros y hasta las válvulas para que no moviera el camión. De hecho, el miedo fue lo que movió a muchos a quedarse aparcados.

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