La igualdad empieza en Castilblanco de los Arroyos

La ministra Bibiana Aído visitó por la tarde Castilblanco de los Arroyos donde pudo conocer los logros en servicios sociales. 

el 24 sep 2010 / 19:40 h.

La ministra charla con Antonio Hernández.

No todos los días va una ministra -o ministro- a un pueblo, y en el caso de Castilblanco de los Arroyos era la primera vez, por lo que la llegada de Bibiana Aído fue aprovechada para mostrarle cómo un municipio de 5.000 habitantes, en las puertas de la Sierra Norte, trabaja también para la igualdad y el bienestar social.

Llegó con media hora de retraso, lo que tras unos momentos de tensión protocolaria por la falta de costumbre, sirvió para ir relajando a las autoridades que la esperaban a las puertas del consistorio bajo la mirada huraña del hombre pancarta por la "igualdad en las pensiones". Era de los pocos los vecinos que allí esperaban, ya que la mayoría ni se había enterado, aunque sí se olía que algo pasaba porque medio centro estaba cortado al tráfico o con el cartel de prohibido aparcar por "acto público", además de por el despliegue de agentes.

Y llegó la ministra, "delgada como Doña Letizia", que dijo una de esas pocas vecinas. No tuvo la responsable de Igualdad y Bienestar Social ningún inconveniente en saludar primero al pensionista y a su familia, que le entregaron una carta. Como también hizo otro grupo de mujeres que esperaban al otro lado. "Se para con la gente, como debe ser", terció de nuevo la del comentario sobre el porte principesco de la ministra. "Es que para eso está, qué menos", apostilló su acompañante.

Ya dentro, firmó en el libro de honor y saludó a los trabajadores, al equipo de gobierno (PSOE-PP) -porque de la oposición no fue nadie- y a alcaldes de los alrededores: Gerena, El Real de la Jara, Burguillos...

Tras este breve acto, la ministra y el resto se dirigieron a la joya de la corona del bienestar social en Castilblanco de los Arroyos: el geriátrico Vicente Ferrer, considerada de las mejores de Andalucía porque la cooperativa que la lleva, El Roble, es modelo de gestión, y de paridad, con siete socios y siete socias. El olor de la cena trepaba ya por las escaleras, pero los ancianos esperaban formales en el salón para recibirla. Como María López, que se dejó besar escoltada por sus dos hijas, una que vive en el mismo pueblo y la va a visitar "todos los días por la mañana y por la tarde", y la otra que lo hace cada vez que puede "desde Sevilla".

También Antonio Hernández sonrió cuando lo presentaron como "torero", aunque ya ni se acordaba de cuándo había tomado la alternativa. Junto a él, Pablo Ruiz "como el pintor", que es invidente, no se había enterado mucho de qué pasaba a su alrededor, hasta que el alcalde, Segundo Benítez (PSOE), o alguno de los que seguían cada paso de la invitada, le susurró al oído: "Es la ministra". Y él dio un respingo, se puso de pie y se quitó la gorra para, seguidamente, estrecharle la mano.

Luego, en el patio, al que bajaron pocos ancianos y sí unos 300 vecinos, se sucedieron los discursos, de agradecimiento por la visita, de presentación de los logros del municipio, de reivindicación de más proyectos... La ministra iría más tarde a recoger el premio Mujer 2000, que el PSOE, en su primera edición, quiso entregarle a ella.

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