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La imagen sí importa

Las mujeres que se dedican a la política son cuestionadas por su aspecto físico en vez de por su valía profesional.

el 21 nov 2009 / 21:17 h.

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Dolores de Cospedal, en la portada de 'Vanity Fair'.

La británica Catherine Ashton es la primera mujer que accede al cargo de Alta Representante de Política Exterior de la Unión Europea (UE) pero, desde el jueves, día en el que se conoció la noticia, las críticas sobre su designación se han cebado en su persona y no sólo por ser una neófita en política exterior, sino por su físico, algo sobre lo que no se suele reparar en un hombre.

No es algo nuevo. Ya se sabe que a las políticas se las juzga, además de por su trabajo, por cuestiones mucho más frívolas que a sus homólogos hombres, "como es su aspecto, su estado civil o su ropa", según afirma Belén Blázquez Vilaplana, profesora de Ciencias Políticas y de la Administración de la Universidad de Jaén, en su artículo La cuestión de género en la política.

España no se libra de esta práctica y las políticas de todos los signos políticos han tenido que soportar verdaderos ataques a la yugular sólo por el hecho de haber realizado posados en revistas femeninas o suplementos dominicales. En todas estas reprobaciones se han dejado a un lado su mayor o menor valía profesional.
La última en ser portada de una revista ha sido la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, una aparición que se ha recogido en prácticamente todos los medios de comunicación. En este caso no se ha hecho mucha sangre, pero Cospedal, en la entrevista que concede a Vanity Fair, no duda en salir en defensa de su compañera de partido Soraya Saénz de Santamaría, que fue acusada de frívola por posar de forma sugerente en el Magazine del diario El Mundo.

Poco después, la propia Saénz de Santamaría concedió otra entrevista a la revista Elle para limpiar su imagen. Y es que a las políticas no se les pasa ni una.

Los políticos pueden ser portada de las publicaciones más variopintas, pero pocas veces son censurados por su apariencia física. Bien es cierto que los posados con glamour, por ahora, se han reservado prácticamente en exclusiva para las políticas en femenino.

La presidenta en Córdoba del Forum de Política Feminista, María José Moruno, remarca que las políticas pueden ser fotografiadas en cualquier publicación y que por ello no son ni más ni menos superficiales, "por lo que hay que juzgarlas es por su actitud política, por su gestión, por su trabajo. Pueden posar dónde y como quieran siempre que no dañen a nadie y desempeñen bien el cometido para el que han sido elegidas".

Crítica. Y es que en muchas ocasiones son los propios compañeros políticos los que lazan las críticas más demoledoras. Así le sucedió a las ministras del segundo Gobierno de Zapatero que en 2004 fueron portada de la revista Vogue. Cierto es que sólo se contó con las mujeres para el reportaje, pero la reacción de algunos miembros de la oposición fue furibunda. El propio Rajoy tachó de impropio de personas decentes el posado de las ministras y apostilló que si lo hubieran hecho ministras del PP se las hubiera excomulgado. En su crítica se olvidó de que mujeres de su misma formación como Ana Botella ya habían salido en otras revistas femeninas y no reparó en que esta reacción podía hacer en un futuro mucho daño a sus compañeras del PP como ha sido el caso Saénz de Santamaría. Ahora habrá que esperar la reacción que pueda provocar la portada de la revista Vogue, con la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, una mujer a la que no se le puede negar que es una trabajadora inagotable, una luchadora, es decir, una política que no se rinde nunca, que no tiene que demostrar su valía profesional, pero por el hecho de pertenecer al sexo femenino puede caerle más de un rapapolvo.

Porque, como dice Bláquez Vilaplana, las mujeres que se dedican a la vida pública, a la política, "en primer lugar tienen que justificar por qué están, posteriormente, mostrar que valen y, después, seguir dando muestras de que valen".

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