Economía

La incógnita de las asambleas de las cajas

La conversión en bancos cuestiona la vigencia de órganos con 160 consejeros

el 15 feb 2011 / 21:09 h.

La enésima reforma de las cajas de ahorros que el Ejecutivo aprobará pasado mañana incluirá no sólo las nuevas exigencias de capital, sino también cuestiones que atañen muy directamente al origen y representatividad social de estas entidades financieras.

¿Qué ocurrirá con sus actuales órganos de gobierno, y en especial con las asambleas generales, en aquéllas que hayan tomado la decisión de caminar hacia una fusión fría con un banco como cabecera de todo el negocio?

Un presidente de una caja de ahorros andaluza es tajante al señalar que las asambleas no tienen sentido dentro de un Sistema Institucional de Protección (SIP). "El olfato me indica que estarán llamadas a desaparecer, entre otras cosas porque el propio Banco de España no quiere políticos en los órganos de gobierno e incluso podría establecer que los miembros del consejo de administración del banco central del SIP sean mitad dominicales [representantes del capital] y mitad independientes [externos]".

Un ejemplo andaluz. De la fusión de Cajasol y Caja Guadalajara surgió una asamblea transitoria de 174 consejeros, aunque deberán quedar en 160 al acabar el proceso de integración. Por su parte, 22 miembros configuran el consejo de administración, que es nombrado por el primero de esos órganos de gobierno. Si la caja sevillana va a traspasar los activos y pasivos al SIP de Banca Cívica -con Caja Burgos, Caja Navarra y Caja Canarias- aunque manteniendo la Obra Social, ¿tiene sentido perpetuar la asamblea general y, si se apura, el consejo de administración cuando todo el negocio financiero dependerá de la sociedad bancaria central donde, además de para las cajas de ahorros fundadoras, se habrán de habilitar sillones para los futuros representantes del capital privado, proceda éste de la bolsa o de los fondos de inversión?

Esta cuestión se cierne no sólo sobre Cajasol, sino también sobre Caja Granada, que se embarcó en el SIP Mare Nostrum -Caja Murcia, Sa Nostra y Caixa Penedès le acompañan-. Se escapa, al menos por ahora, Unicaja, ya que ha quedado voluntariamente al margen de los grandes matrimonios -los noviazgos que se le atribuyen son constantes, aunque en la entidad malagueña los califican de meras especulaciones-, mientras que de Cajasur no hay nada que hablar, dado que ni tan siquiera es ya una caja de ahorros sino un banco con la vasca BBK como su accionista único.

Fuentes sindicales y jurídicas explican que el Gobierno deberá detallar el viernes si las cajas que aborden la creación de un SIP o su salida a bolsa (para captar inversores privados) mantendrán la naturaleza de cajas de ahorros o si deberán transformarse en fundaciones.

Las fuentes sindicales estiman que la naturaleza jurídica de las cajas de ahorros "no se extingue" por el hecho de traspasar todo el negocio financiero al SIP, un traspaso que, además, debe ser aprobado por sus órganos de gobierno. No obstante, consideran que una de las grandes incógnitas de la reforma es qué pasará con las asambleas.

En caso de que se mantenga la naturaleza jurídica de caja de ahorros, la asamblea general y el consejo seguirán tal cual, aunque es la opción menos probable. "Se trataría de cajas carcasa donde las asambleas nombrarían a los consejos de administración y éstos librarían la batalla para controlar el consejo de administración del SIP", dicen las fuentes sindicales.

Las jurídicas, sin embargo, cuestionan tal perpetuidad, por cuanto es "perentorio" finiquitar la politización de estas cajas. "No tendría sentido, asimismo, que hasta 160 consejeros debatan y decidan sobre la actividad de la Obra Social o que la agilidad de un banco quede condicionada por cuatro o cinco asambleas de las cajas que integran un SIP".

Cosa distinta es La Caixa, pues su próxima salida a bolsa, aunque implica gestar un banco a través de Criteria, no impide que sea una sola caja con un dueño mayoritario para la filial bancaria. Sus órganos de gobierno sí seguirán jugando aquí un protagonismo vital.

La segunda vía, la conversión de las cajas en fundaciones, sería la opción más factible para aquéllas comprometidas con un SIP, aunque aflora el interrogante de quiénes se sentarían en el patronato, si éste respetará la relación actual entre entidades fundadoras, impositores y empleados de las cajas y su papel en el nombramiento del consejo del banco de cabecera.

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