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La inocencia y el blues

La muerte de Oscar Peterson, el extraordinario jazzman, pianista virtuoso, nos deja sin uno de los referentes de la generación de los mitos de la música contemporánea. Una de las últimas actuaciones de un anciano Stephan Grapelli, con su violín prodigioso...

el 14 sep 2009 / 21:59 h.

La muerte de Oscar Peterson, el extraordinario jazzman, pianista virtuoso, nos deja sin uno de los referentes de la generación de los mitos de la música contemporánea. Una de las últimas actuaciones de un anciano Stephan Grapelli, con su violín prodigioso, sonaba a despedida para los que estaban en París participando de un concierto parecido a un ritual. Fats Domino ha sobrevivido al huracán Katrina en New Orleans. Su cadillac rojo en el que hasta hace unos años paseaba por el french cartier yace entre los restos del lodo. Y de su montón de discos de platino sólo ha salvado tres del pillaje. Hace mucho tiempo que ha entrado en el hall of fame del blues y su edad no nos permite tenerlo entre los músicos vivos. Pero nos quedan grabaciones y vídeos en los que suena de esa forma especial que los pianistas de Louisiana tienen de hacer música. Como, a distancia, le pasa al Doctor John. Todos en torno al blues. Recuerdo haberle visto de telonero de BB King, de amarillo, con sombrero de paja y rodeado de amuletos de la santería criolla. Un artista.

Han recuperado también el lóbrego salón del Preservation Hall, en St. Peter Street de N.O. Un tugurio oscuro lleno de humo en donde un puñado de admiradores entraban y se iban acomodando, es un decir, de pie en el pequeño espacio ante el que se sentaba una banda de viejos músicos a tocar dixieland y un blues desgarrado, que salía de las tripas de unos artistas que se van renovando en un lugar que tiende a la eternidad. No hay nada mejor que el blues para saber, como decía Muddy Waters, lo que es la vida.

Carlos Rosado es abogado

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