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Cultura

La inquietud de la indolencia

El nexo que une a los cuatro personajes es su afición al juego, aunque en realidad eso no es más que un instrumento con el que el autor ahonda en su condición de hombres fracasados.

el 22 nov 2014 / 18:19 h.

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JUGADORES *** Lugar: Teatro Central, 21 de noviembre. Texto y dirección: Pau Miró. Intérpretes: Jesús Castejón, Luis Bermejo, Ginés García Millán y Miguel Rellán. Cuatro cincuentones se reencuentran gracias a un hecho tan fortuito como inquietante. Es el punto de partida de esta obra, una suerte de comedia negra en la que el suspense se apoya en la ausencia de conflicto, conformando con ello un juego dramático tan original como interesante. Jugadores Teatro Central El nexo que une a los cuatro personajes es su afición al juego, aunque en realidad eso no es más que un instrumento con el que el autor ahonda en su condición de hombres fracasados que, sin saber muy bien cómo, han desembocado en una situación vital dominada por la apatía y la indolencia. El argumento parte de un hecho insólito: un profesor que se define como un hombre absolutamente pacífico y comedido, le suministra una brutal paliza a un alumno que se atreve a reírse de él. El alumno acaba con un traumatismo que le dejará secuelas de por vida y el profesor debe ir a juicio. De ahí que convoque a sus antiguos compañeros de juego para que testifiquen a su favor. Con este arranque la dramaturgia podría haberse embarcado en una truculenta historia de tintes psicológicos, donde el conflicto se sirve en bandeja. Pero curiosamente, y en ello radica su valía, sólo vemos los conflictos internos de cada uno de los personajes. Y es que, más que contar una historia, el texto se centra en los personajes y su relación, cuya extrañeza se remarca con un objeto cotidiano que se carga de significado: una silla que se sale del conjunto. Con ese simple objeto el director nos informa del verdadero tema de la obra: la imposibilidad de que los personajes superen su soledad, debido al grado de indolencia al que les ha llevado el fracaso y la desilusión. Lástima que en la escena final el texto caiga en la tentación de conceder ilusión a los personajes con un recurso tan manido, que más que sugerir confunde. No obstante, cabe destacar el alto poder de sugestión y el genial tratamiento del humor, impregnado de absurdo, que se deslinda de la dramaturgia, cuyo entramado sería perfecto si no fuera porque se excede en los monólogos, y en su empeño por perfilar a los personajes alarga las primeras escenas más de la cuenta. Aunque el ritmo se salva gracias a la soberbia actuación de todos los miembros del reparto, quienes con absoluto dominio y maestría abordan una interpretación plagada de inquietantes silencios y contenidas emociones.

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