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La ITV del caserío alivia el paro de los arquitectos

El 6 de julio acaba el plazo para 26.049 edificios y hay casi seis mil más pendientes de la inspección técnica.

el 13 feb 2011 / 19:58 h.

El 80% de los edificios deben pasar la ITV.

De todas las carreras universitarias, el mayor crecimiento del paro registrado en los últimos dos años corresponde a Arquitectura Técnica, según un estudio del Servicio Andaluz de Empleo. La crisis del ladrillo ha cambiado el panorama laboral de los profesionales que se dedicaban a la ahora desplomada construcción. Del exceso de trabajo se pasó a la listas del INEM en pocos años. Un cambio dramático sólo aliviado, en algunos casos, por la irrupción de nuevos trabajos. La realización de inspecciones técnicas de edificación (ITE) ha sido para ellos una tabla de salvación.

Con todo, la competencia es tanta que los honorarios han bajado y las prácticas no son siempre del todo profesionales.

Los buzones de barrios como Nervión, donde una gran parte de sus edificios tienen que pasar la inspección obligatoria antes del 6 de julio de este año, están muchos días llenos de publicidad de arquitectos y arquitectos técnicos que realizan ITE e internet se ha convertido en un gran tablón de anuncios para ellos. En algunas web se ofrecen descuentos de hasta el 25% "si se contrata con antelación" y otras facilitan el presupuesto "al instante". Lo que sea por captar comunidades de vecinos o propietarios de casas.

Y es que el aluvión de ITE que se avecina es grande. El próximo plazo vence el 6 de julio de 2011 y afecta a los inmuebles con una antigüedad de entre 25 y 50 años, es decir, a 26.049 fincas, según la Gerencia de Urbanismo. Barrios casi enteros, como Nervión, Rochelambert, Tiro de Línea o San Pablo tienen que pasar estos chequeos que pretenden evitar males mayores por los efectos del paso del tiempo en las construcciones.
Además, hay 5.628 edificios que ya debieron haber presentado su informe, positivo o pendiente de arreglos. A muchos de ellos se les acabó el plazo el pasado 6 de noviembre de 2009, tras varias prórrogas aprobadas por Urbanismo.

En Sevilla existen 5.147 fincas catalogadas o protegidas por el planeamiento y, de ellas, no han presentado su informe 1.365. De los 194 edificios con más de cien años, 99 tampoco pasaron la inspección. Fincas entre 100 y 75 años de antigüedad existen 1.830 y no han presentado su ITE un total de 682. Mientras que de los 6.451 bloques de entre 75 y 50 años que se encuentran en Sevilla, 3.482 tampoco pasaron la revisión técnica.

Durante 2010, según la Gerencia de Urbanismo, se presentaron sólo 1.831 inspecciones técnicas de edificación. Y es que la crisis no favoreció la redacción de estos informes porque cualquier ITE puede conllevar una reforma a posteriori y un desembolso de dinero que, ahora, a nadie viene bien.

Según el Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos, una ITE de una vivienda unifamiliar en buen estado de entre 100 y 200 metros cuadrados puede costar 350 euros. Un edificio plurifamiliar de 500 metros cuadrados puede valer 575 euros si todo está correcto, 750 si hay anomalías y 1.000 si hay peligro. Si el bloque de pisos tiene 1.000 metros cuadrados (unos 10 vecinos), los precios oscilan entre los 750 y 1.250 euros. Si tiene 2.000 metros cuadrados, la ITE más barata podría ser de 1.000 euros y las más cara, de 1.500.

Esto en teoría, ya que en el mercado se encuentran precios mucho más bajos. Para un bloque de doce vecinos se pide alrededor de 450 o 600 euros, "si se quiere hacer un trabajo serio", si bien hay quien solicita sólo 150 o 200 euros, que no dan ni para cubrir gastos.

Eso sí, la ITE sólo recoge la inspección, porque las obras o reformas posteriores necesitarán proyectos, encargos y trámites urbanísticos independientes. Es decir, otro desembolso para los vecinos. Y algunas veces es aquí donde el técnico infla la factura para suplir la rebaja en la redacción del informe. Y es que, como en otros casos, aquí lo barato puede salir caro.

Carlos Eduardo Herrera y Francisco Javier Cejudo: "Parecemos comerciales en la calle"

“Las cosas han cambiado. Antes los arquitectos no salían de su despacho. Levantaban el teléfono y ya tenían trabajo”. Francisco Javier Cejudo, con 32 años, es uno de los muchos arquitectos que han reconducido su trabajo hacia el campo de la rehabilitación y la redacción de ITE para salir adelante. “Parecemos comerciales buscando trabajo en la calle”, lamenta este joven profesional que subraya el negro panorama actual.

“El boom inmobiliario pasado, el stock de viviendas sin vender, la inexistencia de construcciones nuevas... todo ello hace que nos tengamos que dedicar a la rehabilitación que, por otro lado, también bajó de forma alarmante, sobre todo la pública”, denuncia Cejudo, que comparte su trabajo con Carlos Eduardo Herrera, también de 32 años. Ambos aseguran que a veces les cuesta dinero trabajar por culpa de la competencia “feroz” que existe, por ejemplo, en el campo de las inspecciones técnicas de edificación.

“Dada la escasez de trabajo, los precios se han rebajado hasta que se han convertido en irrisorios, desvirtuando el trabajo y la profesión”, critican. En su opinión, “no vale coger una imagen del Google Maps y redactar una ITE positiva y ya está”.

Con todo, reconocen que para tener trabajo han tenido que ajustar los precios al máximo: “Podemos pagar los gastos y mantenernos, lo que significa que lo estamos haciendo bien. Nuestros clientes se quedan satisfechos”.


Después de seis años ejerciendo la profesión, echan un vistazo atrás con envidia: “Los arquitectos que ahora tienen 50 o 55 años disfrutaron de las vacas gordas y ahora pueden colgar el cartel de cierre, pero nosotros tenemos que salir a la calle, ir a los pueblos para hacer proyectos de refuerzo de cubiertas, rehabilitaciones... lo que sea”. Y con todo, ellos son afortunados porque, contra marea, están sorteando los efectos de la crisis del ladrillo. La receta mágica –desvelan– es la “dedicación, profesionalidad y honestidad”.

Manuel Guisado y Manuel González: "Muchos hacen competencia desleal"

Manuel Guisado, de 38 años, trabajó muchos años de jefe de obra, mientras que su compañero Manuel González, un año más joven, era el responsable de la dirección facultativa en una constructora. En “nada de tiempo” construyeron entre 500 y 600 viviendas. Era la época del boom inmobiliario. Ahora, esto “se acabó” y toca “abrir campos para sobrevivir”. Por eso en el último año han pasado por sus mesas alrededor de 30 ITE. “Hay que salir a la calle y dar al cliente muy buena calidad/precio porque hay una gran competencia y se está devaluando nuestro trabajo”, apunta González.  

“Muchos compañeros engañan y hacen competencia desleal –apostilla– tirando los precios”. Uno de los “trucos”, denuncia Guisado, es que el técnico baja el precio de la ITE para después subir el del proyecto de restauración que también se le encarga a él. “O bien le pide a la comunidad de propietarios que haga obras de todo, sin motivo”. Y es que muchas ITE conllevan una obra posterior que hay que costear si no se quiere afrontar, más tarde o más temprano, la multa de Urbanismo. “Hay que ser serio, honesto y profesional”, recalca González tras indicar que él paga el seguro de responsabilidad “de todo” al Colegio. Ambos aseguran que muchas comunidades se “durmieron en los laureles” esperando las ayudas de la Gerencia, pero éstas “se han acabado” y el plazo para presentar las ITE también termina, advierten. 

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