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La juez da diez días a los caracoleños para salir de las Tres Mil

La Junta reclama los pisos que ocuparon tras su huida por la muerte de un menor

el 05 jul 2010 / 12:03 h.

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Hace un año, en junio de 2009, el conocido como el clan de Los caracoleños decidió volver a sus pisos de la barriada de las Tres Mil Viviendas tras haber estado casi tres meses desterrados en distintos asentamientos de la ciudad por el temor a represalias de otro clan del barrio por la muerte de un menor durante un tiroteo. Ayer, el Juzgado de Instrucción número 8 les comunicó que en diez días tienen que dejar los pisos al no poder acreditar que son de su propiedad o, de lo contrario, cometerán un delito de desobediencia a la autoridad.

 

Más de una decena de familias fueron citadas ayer a declarar ante la denuncia presentada por la Consejería de Vivienda y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía, titular de las viviendas, para aclarar la ocupación de las mismas. Todas ellas coincidieron en que no tienen papeles que acrediten la propiedad de los pisos ya que aseguran que hicieron la compra mediante un "contrato verbal".

"Yo le compré el piso a un tal Ángel y a una tal Jesi y les pagué dos millones de pesetas hace unos tres años", explicó Ana a la titular del juzgado. Ella y su marido aseguraron que desconocían que los pisos son propiedad de la Empresa Pública del Suelo de Andalucía (EPSA). Las declaraciones del resto de familias fueron en la misma línea. La mayoría explicaron que compraron esos pisos con los 42.000 euros que el Ayuntamiento les entregó en mano en 2004 para que abandonaran el asentamiento chabolista de Los Bermejales. "Nosotros hemos pagado un dinero, pero no podemos demostrarlo porque no tenemos papeles, como todos los de las Tres Mil, no somos los únicos", dijo Antonia, una de las afectadas, a los periodistas.

Ni ella ni el resto de familias se mostraban ayer dispuestas a dejar las viviendas. "¿Dónde vamos a ir, si no tenemos nada? ¿Dónde me meto con mis cuatro niños?", preguntó Antonia, visiblemente enfadada. Ella, además, se cuestionaba sobre la escolarización de los niños. "Luego dicen que somos delincuentes, pero ahora a qué colegios los llevamos, ahora sí que van a ser delincuentes", repitió. Ana tampoco se mostró dispuesta a marcharse. "Tendrán que venir a echarme, porque no tengo dónde irme. ¿Qué hago, otra vez nos vamos bajo un puente? ¿Qué quieren, que muera otro bebé por el calor?", se preguntó Ana, quien añadió: "Los jueces tendrían entonces que echar a todo el barrio". El juzgado continuará hoy tomando declaración a más familias, al igual que los días 12, 13, 19 y 20 de julio, en los que también les comunicará que deben abandonar los pisos en diez días.

Cuando Los caracoleños salieron de las viviendas, la Junta las precintó para evitar saqueos y que fueran ocupadas. Mientras Los caracoleños estaban fuera del barrio, la Administración autonómica inició los trámites de regulación para que los que pudieran acreditar la propiedad de los pisos pudieran volver a ellos. Entonces, recibió 41 expedientes, de los que sólo cinco fueron resueltos de forma positiva, mientras que el resto, 36, fueron negativos al no poderse acreditar que las viviendas eran propiedad de sus ocupantes. De los cinco casos con resolución positiva, uno renunció a la vivienda, otro no pertenecía al colectivo de chabolistas y a otros dos aún no se les había podido notificar la resolución, según Europa Press.

Sin embargo, Los caracoleños, que cambiaron de ubicación varias veces, decidieron romper los precintos e instalarse en sus viviendas antes de que finalizara la regularización, ya que no estaban dispuestos a pasar todo el verano en chabolas.

Pese al temor de enfrentamiento entre Los caracoleños y otro clan, el de los Salguero, éstos no se han producido. "En el barrio vivimos muy bien, no hemos tenido problemas ni disputas con nadie", aseguró ayer Ana. El conflicto se originó después de que uno de los miembros se viera implicado en un tiroteo en el que resultó herido grave un joven de 17 años perteneciente al otro clan, que finalmente falleció en el hospital Virgen del Rocío.

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