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La Junta ‘abarata’ aún más sus fincas para poderlas vender

Extiende las ventajas financieras a sus actuales cultivadores aunque no sean colonos. La crisis económica y el cierre del grifo del crédito dificultan el proceso de enajenación de
las tierras públicas del IARA

el 08 ene 2012 / 21:05 h.

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La consejera de Agricultura, Clara Agruilera, y el presidente de la Junta, José Antonio Griñán, en una imagen de archivo.

La Junta de Andalucía se ha visto obligada a rebajar sus exigencias para poder vender las tierras públicas del antiguo IARA (Instituto Andaluz de Reforma Agraria). La crisis económica, el descenso del valor de las cosechas por la caída de precios y el cierre del grifo del crédito obstaculizan el acceso de los colonos a la propiedad de las fincas, de ahí las facilidades adicionales diseñadas desde la Consejería para que sean ellos quienes se las queden y que no pasen a manos extrañas.

Y es que, aunque la totalidad de las explotaciones recibieron el interés en ser adquiridas dentro del plazo fijado, a finales del año pasado, lo cierto y verdad es que entre manifestar el quiero y constatar el puedo media mucho trecho. En los próximos seis meses, los colonos deben formalizar esa compra, y la obtención del dinero es tarea ardua. No en vano, pese a que el proceso de enajenación de fincas arrancó hace más de un año, hasta diciembre la Junta sólo había ingresado 10,6 millones de euros por las adjudicaciones, apenas la séptima parte del importe global previsto.

¿Cuáles son las facilidades adicionales? Hasta ahora, el colono con concesión de por medio tenía la posibilidad de adquirir su explotación agraria con el nada despreciable descuento de hasta un 65% sobre el valor de tasación de la misma (valor de mercado). Alcanzar tal porcentaje depende de antigüedad como concesionario de las tierras (los hay que llevan más de dos décadas), la generación de empleo y el esfuerzo inversor emprendido para modernizar la finca. La Consejería, asimismo, les daba la posibilidad de suscribir un préstamo hipotecario en condiciones ventajosas (a largo plazo y bajo interés).

Pues bien, la facilidad, además de a los concesionarios -son colonos-, se extiende a todos los cultivadores provisionales de los terrenos del IARA, esto es, aquéllos que siembran y cosechan sin mediar una concesión a largo plazo, eso sí, siempre y cuando demuestren antigüedad superior a una década, explican en el departamento dirigido por Clara Aguilera. Menor precio y también menor coste de financiación.

En concreto, la hipoteca se rubrica a un interés fijo del 3,5% y a 20 años de amortización. Aunque ese tipo está por encima del Euríbor, se ha de tener en cuenta que este indicador es variable -por tanto, sometido al vaivén de los mercados- y que la banca aplica normalmente una tasa añadida, frente a la estabilidad del interés fijo.

En el inventario elaborado por la Consejería antes de iniciarse el proceso de venta constaban 2.283 hectáreas adscritas a los adjudicatarios de cultivos provisionales, y sobre ellos recaen ahora las ventajas para acceder a la propiedad. La superficie de todas las tierras en venta roza las 20.000 hectáreas, si bien 5.300 eran labradas por agricultores que desembolsaban cuotas periódicas para quedárselas, a los que la Consejería, asimismo, les ha dado facilidades de financiación de los gastos de notaría para acelerar así la venta. El beneficio de la financiación exige que el propietario no pueda vender el patrimonio en 25 años.

Si los colonos o los cultivadores provisionales no hubieran cerrado la compra de las fincas, inmediatamente serían rescatadas por la Junta e introducidas en el canal normal de venta al precio, pues, que dicte el mercado. En la puja, cualquiera podría sumarse, sería libre, un método empleado ya para una docena explotaciones sin vinculación con agricultores.

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