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La larga cuesta de enero

Hay cosas que se ven venir de lejos, y tal y como se está poniendo el panorama en materia económica, tampoco parece un augurio pesimista sino objetivo y además previsible, el vaticinar que este año que inauguramos va a ser duro, pero que muy duro para las ya maltrechas haciendas domésticas.

el 14 sep 2009 / 22:35 h.

Hay cosas que se ven venir de lejos, y tal y como se está poniendo el panorama en materia económica, tampoco parece un augurio pesimista sino objetivo y además previsible, el vaticinar que este año que inauguramos va a ser duro, pero que muy duro para las ya maltrechas haciendas domésticas.

La crisis y recesión se siente y resiente cada vez con más antelación a la finalización de cada mes, resultando no ya un alivio sino una imperiosa necesidad el cobro de sueldos y pensiones con los que no se puede, muchas veces, ni ir cubriendo agujeros que se han ido, cada vez, haciendo más grandes y procelosos. Mas ahora, en época de rebajas, parece que toda esa tétrica y tenebrista expectativa de vacas flacas, resulta lejana y ajena al bolsillo de todo aquel que se parte prácticamente la cara por ser el primero en coger primera fila en esa oferta de chollos que se nos brinda con un guiño de complicidad al mañana será otro día.

Y lo malo es que este año la cuesta de enero se hará larguísima y muy empinada para demasiada gente, que la inicia alegremente pensando que la pájara no les dejará achicharrados, precisamente a ellos, en mitad del tortuoso camino, que me temo se prolongue muchos meses. En estas fechas parece que sólo se piensa en la ganga sin recapacitar en que nada se regala y en que las hipotecas se han de seguir pagando con regularidad espartana.

Mucho pan con mortadela y mucho recorte de gastos superfluos será la consecuencia de ese alocado proceder, en el que prima el refrán de "a Dios rogando y con la tarjeta dando". Al final lo que importa es que no nos falte la fe ni la confianza en nuestra línea de crédito. Que el Señor nos coja confesados.

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