Local

La larga marcha a Wenchuan

Llegar a Wenchuan, el epicentro del terremoto ocurrido el pasado 12 de mayo, sigue siendo cinco días después una auténtica odisea, pero, en compañía de miles de soldados que viajan al lugar para ayudar a las víctimas, es posible entrar y hacerse una idea de la destrucción causada por el seísmo. (Foto: EFE).

el 15 sep 2009 / 04:59 h.

TAGS:

Llegar a Wenchuan, el epicentro del terremoto ocurrido el pasado 12 de mayo, sigue siendo cinco días después una auténtica odisea, pero, en compañía de miles de soldados que viajan al lugar para ayudar a las víctimas, es posible entrar y hacerse una idea de la destrucción causada por el seísmo.

La carretera a Yinxiu, el pueblo más devastado del distrito (7.000 de sus 10.000 habitantes murieron), está sembrada de grandes rocas y automóviles atrapados bajo ellas, lo que hizo que en los primeros días sólo pudieran llegar allí paracaidistas militares. Ahora, otra forma de acceder a este pueblo es con las lanchas que usa el Ejército Popular de Liberación para enviar la ayuda humanitaria a esta remota zona del norte de la provincia de Sichuan.

En las barcas, los soldados, de apenas 20 años, comentan, henchidos de patriotismo, que trabajan las 24 horas del día para ayudar a Wenchuan, una zona muy apreciada por turistas y montañeros donde muchos pueblos todavía son inaccesibles pero poco a poco la comunicación se va restableciendo.

El barco remonta el río Min, el mismo en el que hace más de 2.000 años se creó y aún se conserva hoy día la obra hidráulica más antigua del mundo, un Patrimonio Mundial de la Unesco que, como el resto de la zona, ha quedado gravemente dañado.

Ajetreo. En el lugar de destino de las lanchas, el ambiente es casi bélico: tiendas de campaña, miles de soldados, y en el aire, panfletos lanzados desde helicópteros en los que se dan ánimos a los reclutas y se les pide que trabajen al máximo.

Junto a los soldados, decenas de gentes de las montañas que huyen de los desprendimientos y corrimientos de tierra, y que lo han perdido todo. "Mi mujer y mi hijo murieron. No me queda nadie, esto es muy cruel", asegura, con amargura pero entereza Hui Lian, uno de los "refugiados", que lleva en un hatillo lo único que pudo salvar de su casa, apenas unas ropas y algo de comida. La mayoría, sin embargo, no quieren decir ni una palabra del seísmo, porque sólo les recuerda un pánico total y la pérdida de sus seres queridos.

Desde allí, cientos de soldados emprenden una auténtica larga marcha por las laderas del monte, cruzándose con puentes caídos, carreteras partidas por la mitad y más refugiados que hacen el camino contrario. Su sargento les prohíbe descansar.

Finalmente, tras una hora o dos de camino, aparece a lo lejos Yinxiu, o lo que queda de esta antigua base del turismo de montaña: nada más entrar, se ve el instituto local, no totalmente derrumbado pero inclinado más de 50 grados hacia el suelo. El resto de la localidad, que tenía 10.000 habitantes y en la que se calcula que murieron más de 7.000 personas, repite la escena de ciudades más grandes como Beichuan: calles enteras que ahora son montañas de vigas y escombros, y los pocos edificios que quedan se inclinan de forma amenazante para uno u otro lado.

"El 60% está destruido, y lo que ha quedado en pie hay que derrumbarlo", explica Ou Yuan, responsable de evaluación de los daños del Centro Sismológico Nacional. "Ahora todavía, pero ayer, cuando llegaron los soldados, todo esto estaba lleno de cadáveres", dice una voluntaria.

Pero no todo es malo. Al alejarse de Yinxiu, una gran noticia: las excavadoras transportadas por barco ya han limpiado el camino, y los camiones militares pueden circular transportando la ayuda humanitaria con más celeridad. Los soldados, en esta larga marcha que se repite 70 años después de la que Mao Zedong y su Ejército Rojo hicieron también por Sichuan (entre otras provincias), hacen pasillo a los camiones, y aplauden.

  • 1