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La ley de Rush Limbaugh

Es más que probable que ese nombre le resulte desconocido. Pero en las ondas radiofónicas norteamericanas Rush Limbaugh es una de sus voces más famosas. Sus tres horas diarias de comentarios políticos son seguidas, con absoluta devoción, por millones de...

el 16 sep 2009 / 00:10 h.

Es más que probable que ese nombre le resulte desconocido. Pero en las ondas radiofónicas norteamericanas Rush Limbaugh es una de sus voces más famosas. Sus tres horas diarias de comentarios políticos son seguidas, con absoluta devoción, por millones de personas. Con un perfil agresivo, provocador. Se jacta de ser de derechas, pone motes a los adversarios, actúa como defensor de la minoría blanca privilegiada. Acusa a los liberales de "amigos de Stalin". Tacha a Obama de socialista. Cuando habla del consenso siempre pregunta, ¿dónde está el compromiso entre el bien y el demonio? Se erige como representante de ese ciudadano de una pequeña ciudad del interior, anti-intelectual, antiabortista, amante de las armas, fanático religioso, convencido de que la riqueza o la pobreza son diferentes grados de inteligencia personal. Siempre abusa de un lenguaje repleto de términos como víctimas, miedo, mayoría natural, despilfarro, mentira, familia, conspiración, relativismo moral o decadencia.

Sin embargo, no ha sido noticia reciente por sus insultos, sino por un peculiar enigma. Muchos periodistas perplejos se preguntan estos días ¿Por qué Obama está promoviendo a este caudillo radiofónico de la derecha más radical? Entre otros gestos parecidos con este atrabiliario personaje, Obama ha afirmado que el verdadero líder de los republicanos es Limbaugh. En menos de una semana, tras estas declaraciones, la audiencia de este locutor ha pasado de los 15 habituales a más de 20 millones de personas. Limbaugh ha comentado, encantado de conocerse, que ese salto se debe a que los demócratas están "expandiendo mi perfil, expandiendo mi audiencia y expandiendo mi influencia". ¿A qué juega Obama?

Un consultor demócrata ha dicho que la estrategia está funcionando a la perfección. Cuanto más agresivo se muestra Limbaugh ante más público, los demócratas aparecen como moderados y los republicanos "como verdaderos estúpidos radicales". Saben que cuanto más Limbaugh exista, menos moderados de la derecha sobrevivirán. Parece que Obama y sus asesores han descubierto ese dilema en el que la derecha se desenvuelve incómoda. En esta era de cambio, cómo parecer de centro mientras quien fija la agenda diaria les convierte en radicales pasados de rosca. Cómo ser moderados sin debilitar la fidelidad del electorado habitual. Cómo satisfacer a sus hordas justicieras e impacientes, sin que los progresistas representen a la mayoría.

Un maquiavélico Obama parece estar evidenciando, gracias a esa Ley de Limbaugh, a unos conservadores atrapados en sus contradicciones. Demostrando con este tipo de gestos su distancia con ese progresismo acomplejado de décadas, que no acaba de formular las preguntas necesarias. ¿Esta crisis es solo un paréntesis, un ajuste, un ciclo? ¿Existen valores en crisis? ¿Quiénes son los culpables ideológicos del actual lío? ¿Qué cambio es el necesario? Obama parece que ha marcado el camino. Busque en el dial, ponga la oreja y hable mucho de nuestros Limbaugh nacionales, que algo ayudará.

Abogado

opinion@correoandalucia.es

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