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La literatura da miedo

La libertad de expresión es el fundamento esencial de toda democracia, imprescindible como vehículo para la transmisión de las ideas y como medio insustituible para criticar y controlar el Poder.

el 15 sep 2009 / 19:35 h.

La libertad de expresión es el fundamento esencial de toda democracia, imprescindible como vehículo para la transmisión de las ideas y como medio insustituible para criticar y controlar el Poder. Por ello, la publicación o difusión de escritos que desagradan a las autoridades religiosas, morales o políticas o a organizaciones criminales suele pagarse muy caro, incluso con la muerte.

La historia nos ofrece numerosos ejemplos de intolerancia, dirigidos y empeñados en silenciar o eliminar a los discrepantes. Desde la Atenas clásica, en la que Sócrates fue procesado y condenado a muerte, pasando por Flaubert y por Baudelaire que fueron llevados ante los tribunales por sus obras Madame Bovary y Las Flores del Mal, consideradas atentatorias contra la moral burguesa, hasta los casos más recientes de Salman Rushdie y Roberto Saviano, la intolerancia y la persecución

de las ideas han sido una constante.

El primero fue condenado a muerte por el ayatollah Jomeini que consideró blasfema y ofensiva para el profeta Mahoma la publicación de sus Versos Satánicos; y aunque el gobierno iraní revocó tal condena, ésta, según la ley islámica, es irrevocable hasta tal punto que una fundación político religiosa islamista ha ofrecido tres millones de dólares por su cabeza.

Roberto Saviano publicó en la primavera del pasado año un reportaje novelado sobre la Camorra (la mafia napolitana) bajo el título de Gomorra y el éxito editorial se ha visto incrementado por la película basada en el libro y premiada por diversos motivos por el cine europeo. Convertido así el escritor italiano en símbolo de la lucha contra la mafia, ésta lo ha condenado a morir antes de la próxima Navidad.

Estas dos figuras, las más representativas en el momento actual, no deben hacernos olvidar a escritores, editores y periodistas que, repartidos por todo el mundo, están amenazados por difundir y defender sus ideas y enfrentarse a las autoridades políticas o religiosas o a intereses privados. Según el Comité de escritores en prisión del PEN internacional, doscientos escritores y periodistas están amenazados, ciento noventa en prisión y treinta y nueve han sido asesinados en el último año. Otros, como mal menor, se ven obligados al exilio, como ocurre con los escritores más importantes de la mayoría de los países árabes; y otros están bajo la amenaza permanente del acoso judicial y de ser llevados ante los tribunales.

Este panorama desolador no debe llevar al desánimo ni a la resignación. Está en juego la libertad de expresión y como consecuencia la libertad y la democracia. El 'caso Saviano' no es sólamente un asunto policial y de persecución de la delincuencia organizada, es también un problema de libertad que concierne a todos los ciudadanos. Por ello, en este punto no cabe ni la tibieza ni el silencio y exige el compromiso y la solidaridad de todos. Como decía Rushdie, en la sede de la Academia Sueca, "son tiempos agresivos para la libertad de expresión".

Antonio Ojeda Escobar es notario

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