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La llamada de los títeres

Vienen cada año en legión para celebrar la Feria Internacional del Títere -que ya va por la edición número 29-. Sin embargo, fuentes bien informadas aseguran que, en realidad, los títeres y marionetas no abandonan la ciudad cuando se acaba su fiesta.

el 16 sep 2009 / 02:49 h.

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Vienen cada año en legión para celebrar la Feria Internacional del Títere -que ya va por la edición número 29-. Sin embargo, fuentes bien informadas aseguran que, en realidad, los títeres y marionetas no abandonan la ciudad cuando se acaba su fiesta. Al contrario, se quedan agazapadas, conquistando cada vez más y más escenarios. Por ahora los actores -los de carne y hueso- pueden estar tranquilos. Pero tal vez su reinado tendrá pronto que ser compartido con estos seres ¿inanimados? que cobran vida de forma asombrosa gracias a unas manos en la sombra. Los títeres ya no son (sólo) juego de niños. Desde Argentina, la República Checa, Bulgaria y Gran Bretaña han llegado estos días varias compañías dispuestas a demostrar la vitalidad de un género que gana adeptos.

Títeres de guante, muppets, clown, varilla, sombras, hilo, animación de objetos... cualquier técnica es válida si de lo que se trata es que un pedrusco acabe transformándose en un simpático personaje (Piedra a piedra) o, más aún, que un grifo, sí un grifo, leyeron bien, se convierta en el protagonista de El avaro de Moliere (Tabula Rassa).

Los más puristas dicen que no es lo mismo un títere que una marioneta. Durante lo que queda de mes, en salas como La Fundición, el Teatro Alameda, TNT o la Sala Cero, podrá comprobar las sutiles diferencias que hay entre unos muñequitos que pueden ser el colmo de la inocencia (El enano saltarín) o enormemente deslenguados (Juan Romeo y Julieta María). "Un muñeco siempre es un muñeco, su genialidad reside en que en él puede aflorar el humor tierno o una mala leche de libro en el momento más inesperado", dice Hildo Cambacho, un estudioso de esta disciplina.

Tal vez por eso los escenarios que programan títeres para adultos siempre se llenan. Sin ningún nombre conocido, sin grandes reclamos, "el público busca lo extravagante, quedarse a oscuras en un teatro y ver cómo unas sencillas marionetas pueden hacerte olvidar el mundo durante una hora", asegura el abogado defensor de los muñecos de trapo.

Si tiene hijos o pequeños a los que entretener, ni se lo piense. Y si no es el caso pero todavía le pica algún prejuicio del tipo "a mí no me gustan las marionetas", entonces, por algunos pocos euros, pruebe la experiencia. Además de las compañías que mostrarán sus obras durante estos días, la Feria del Títere ha puesto en marcha una exposición, un curso para profesionales y un jugoso mercadillo. El año pasado fueron 12.000 personas las que visitaron el encuentro, en esta se espera seguir aumentando la cifra.

37 países y cinco continentes han pasado ya por esta callada cita que, sin hacer ruido y sin apenas publicidad, convence a sus fieles y gana espectadores apasionados. Recuerde que tras unos diminutos seres de madera con dos cabezas de aguja por ojos y un ovillo de guita por cabellera puede estar la semilla de la historia más grande jamás contada.

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