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La llegada de la colección Carranza reconciliará a Sevilla con la cerámica

El Ayuntamiento cerró ayer la operación más ventajosa que jamás habría soñado: la cesión, gratis, por 20 años de una colección de cerámicas única y además de factura trianera. En mayo o junio llegará su grueso al Alcázar; la parte moderna dará caché al Museo de la Cerámica de Triana cuando abra.

el 15 sep 2009 / 17:38 h.

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El Ayuntamiento cerró ayer la operación más ventajosa que jamás habría soñado: la cesión, gratis, por 20 años de una colección de cerámicas única y además de factura trianera. En mayo o junio llegará su grueso al Alcázar; la parte moderna dará caché al Museo de la Cerámica de Triana cuando abra.

Doce años después del ofrecimiento desinteresado del coleccionista manchego Vicente Carranza de sus poco más de mil piezas cerámicas excepcionales e irrepetibles (y no es exageración, porque así lo acreditan los expertos en la materia), Sevilla lograba ayer sentar las bases para que ese fondo pueda exhibirse durante dos décadas. La noticia, esperada y salpicada hasta hace sólo unos días de vaivenes políticos, decisiones y contradecisiones, entendidos y malentendidos por una y otra parte, cristalizaba ayer con la visita de Carranza y su esposa, Josefa García Gómez, al Consistorio, donde hablaron largo y tendido con el alcalde, zanjaron sus diferencias de pareceres y primó, como era de esperar, el sentido común. Mejor dicho, el bien común.

Porque Sevilla y Triana, cunas de la cerámica desde antiguo, han vivido de espaldas a lo que producían sus artesanos primero y sus artistas después. Lo que salía de sus mentes, sus manos y alfares, acababa normalmente fuera de la provincia, y se ha valorado muchísimo más fuera que dentro (ahí está el Museo Nacional del Azulejo de Lisboa, que dedica una sala entera a la cerámica hispalense). La llegada de la parte sevillana de la colección Carranza, que a partir de ahora pasará a denominarse Colección de Cerámica de Triana Miguel Ángel Carranza en honor al hijo fallecido del coleccionista -principal impulsor y amante de nuestra azulejería- marcará un hito en esa reconciliación entre la ciudad y sus manufacturas.

Habrá que esperar para admirar esos frutos a mayo o junio, cuando el grueso y la parte más antigua (la que va del fines del siglo XIII al XVIII) del fondo llegue al Real Alcázar para ocupar tres de las cinco salas que configuran el Cuarto Alto del Almirante. El proyecto museográfico correrá por cuenta del asesor de Carranza, el catedrático de Historia del Arte Alfonso Pleguezuelo, así como el catálogo que editará el Ayuntamiento.

Y en Triana. El acuerdo, verbal ahora pero con traducción en un contrato próximamente, contempla que la parte moderna, la de los siglos XIX y XX, recalará en el futuro Museo de la Cerámica de Triana que se proyecta abrir previa rehabilitación de una fábrica con historia, la de Cerámicas Santa Ana, en la calle Antillano Campos. Ésta, por tanto, tardará unos años en poder verse, pero la decisión está tomada aunque ello suponga seccionar la colección y su discurso, algo que no sería entendible si no fuese porque, literalmente, si no era así (repartirla entre el Alcázar y Triana), el depósito no habría llegado a buen puerto nunca.

El Consistorio se hará cargo del transporte de las piezas desde Madrid (donde reside Carranza), los seguros y las labores de adecuación de las salas y de seguridad. Peccata minuta para la importancia de lo que vendrá.

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