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La lucha obrera se profesionaliza

Los sindicatos de clase pierden peso frente a los sectoriales en educación, sanidad y administración con la polémica reforma del sector público como trasfondo. UGT y CCOO mantienen su hegemonía en sectores tradicionales mientras entre los trabajadores cualificados proliferan las organizaciones corporativas.

el 01 may 2011 / 19:59 h.

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Funcionarios de Torretriana pitan a UGT y CCOO durante una de las reuniones entre Junta y sindicatos sobre la reforma del sector público.
Unos defienden que la fuerza de los trabajadores está en mantener su unidad de clase por encima de especializaciones. Los otros que en la negociación y defensa de intereses generales puede haber beneficiados y perjudicados. Los primeros tildan a los segundos de corporativistas. Los segundos ven a los primeros excesivamente próximos y hasta "vendidos" al poder. El primer modelo tiene más de un siglo de historia. El segundo nace con la democracia y se consolida en los últimos años. Los de toda la vida mantienen su fuerza entre los obreros de sectores tradicionales como el metal, la construcción o el campo. Los segundos han captado a profesionales cualificados de la sanidad, la enseñanza o la administración pública. Los últimos resultados de las elecciones sindicales en estos ámbitos revelan la lucha entre dos formas de sindicalismo, el de clase de UGT, CCOO o CGT frente al profesional de los sindicatos de funcionarios, médicos, enfermeros, docentes, policías o bomberos.

 

En plena guerra de los funcionarios con la Junta por la reordenación del sector público, en el que unos y otros sindicatos mantienen posturas opuestas, las elecciones sindicales en la administración general de la Junta del jueves confirmaron una tendencia ya apuntada a final de año con los procesos celebrados en los colegios públicos y el Servicio Andaluz de Salud (SAS).

En Educación, CSIF desbancó a CCOO como primera fuerza sindical al lograr 91 de los 360 delegados en juego, el doble de los conseguidos en 2006, cuando quedó en tercer lugar tras CCOO y el sindicato de enseñanza ANPE, que se mantuvo. Entonces, CCOO justificó la caída por la baja participación, un 43% de los 97.970 docentes llamados a las urnas frente al 56% de los anteriores comicios.

En el SAS, el sindicato de enfermería Satse reinaba ya hace tiempo y revalidó y aumentó su victoria, con 241 de los 1.033 delegados en juego. La novedad estuvo en el segundo puesto, donde el sindicato de funcionarios CSIF, con 187 delegados, desbancó a UGT, que pasó a un tercer lugar, seguida de CCOO, que casi empató con el Sindicato Médico, cuando en 2006 había una amplia diferencia entre ambos.

Pero los sindicatos de clase recibieron el mayor varapalo el jueves en las elecciones sindicales en la administración general de la Junta, inmersa en pleno proceso de una reforma respondida en la calle por los funcionarios y recurrida en los tribunales por las organizaciones sectoriales frente al apoyo de UGT y CCOO al Gobierno andaluz. Con una participación récord del 70%, un sindicato con apenas ocho años de historia, Safja, ganó los comicios al casi triplicar sus resultados de 2007. Logró 63 de los 146 delegados en juego de cinco provincias (en Jaén y Sevilla las elecciones serán más tarde) desbancando a otro sindicato de funcionarios que también ha liderado el rechazo a la reforma, CSIF, que quedó segundo con 46 delegados. La tercera fuerza fue otra organización profesional, Ustea, con 26. Así, UGT pasó de tercera a cuarta posición y de 26 a 10 delegados, pero la caída más estrepitosa fue la de CCOO, caída al lograr un solo representante frente a los 17 que tenía.

Los sindicatos de clase reconocieron que estos resultados están directamente relacionados con la polémica reforma del sector público, que ellos rechazaron cuando se planteó el primer decreto-ley en julio pero que luego apoyaron al pactar cambios con la Junta que dieron lugar a un segundo decreto en noviembre, base de la ley que finalmente se tramitó y aprobó en el Parlamento, aunque solo con la mayoría socialista.

Pese a sus esfuerzos por explicar que gracias a sus cambios se garantizan todos los derechos de funcionarios y laborales y ningún trabajador de las empresas públicas que desaparecen para integrarse en las nuevas agencias se convierte en funcionario, en la calle ha calado la consigna que los colectivos de funcionarios llevan meses clamando en pancartas y manifestaciones: que se abre la puerta a entrar en la administración a 20.000 contratados sin oposición.

Todos elogian este sistema de acceso pero su implantación exclusiva, suprimiendo el concurso de méritos, ha abierto otro frente entre la Junta y los sindicatos. Solo Safja lo apoya. El resto cree que la interinidad que existe aún en la administración no permite suprimir la baremación de méritos como complemento al examen.

Pese a que es en la administración donde más clara es la fractura, con el trasfondo de las posiciones opuestos ante la reforma, el modelo de sindicato profesional no es exclusivo de ésta.

Hace años que UGT y CCOO sectorizaron su estructura, conscientes de que cada colectivo tiene reivindicaciones laborales propias pero con unos principios comunes que ayer volvieron a reivindicar en el Primero de Mayo:que el interés general de los trabajadores debe primar sobre el de un grupo. Alertan del peligro de la atomización de la negociación colectiva, cada vez con más convenios de empresa y menos sectoriales. Y ven la proliferación de sindicatos que llaman corporativos como un reflejo del individualismo de la sociedad actual y una estrategia de división para debilitar.

Mientras, las organizaciones profesionales triunfan allí donde los sindicatos de clase son más débiles. UGT y CCOO mantienen su fortaleza en la construcción o la industria, cuyos trabajadores mantienen una conciencia de pertenencia a la clase obrera que sin embargo no han logrado que cale en los profesionales cualificados.

En el caso andaluz, el mayor logro de UGT y CCOO, la Concertación Social que obliga a la Junta a consensuar con ellos y la patronal sus políticas, es también su principal fuente de críticas, por su imagen de proximidad al poder, subvencionados y cada vez más en los despachos de la administración que en la calle. Sin olvidar el peso de la historia. Ambos nacen de formaciones políticas -PSOE y PCE respectivamente-, unos orígenes que esgrimen los otros sindicatos para cuestionar su independencia.

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