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La "lucidez" de una conquista

El presidente del TSJA, Augusto Méndez de Lugo, glosa la valentía del movimiento cívico del 80.

el 28 feb 2010 / 20:52 h.

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Su partida de nacimiento no es andaluza, tampoco lo son sus primeros pasos ni sus amigos adolescentes, ni el título de la universidad, pero por enamoramiento, por experiencia, por vida, Augusto Méndez de Lugo se ha ganado a pulso el título de andaluz. A la etiqueta, ya de por sí incontestable tras 35 años de sus 38 de profesión exprimidos en la comunidad, el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía sumó ayer una distinción de gala: la de Hijo Predilecto, un galardón que le regaló la Junta compartido con Francisca Díaz Torres, dueña de la finca de El Romeral, la salvadora del Cabo de Gata desde la agricultura sostenible.


Lugo -un juez, sólo un juez, que como tal asumió su medalla- tomó la palabra en nombre de los premiados con un discurso preñado de emoción refrenada, de agradecimiento al pueblo que lo abrazó. Madrileño de bautismo, canario de raíces, "nómada" hasta que se hizo del sur, vivió aquí el 28 de febrero de 1980 en el que los andaluces votaron -"votamos"- un sí masivo a la autonomía plena y ágil, "más allá de lo que le tenían reservado". Aquella fuerza marcó un "momento de lucidez histórica" del pueblo andaluz que aún hoy brilla, cuando la región esta sentada en la democracia. Porque, si algo se logró, fue un "movimiento político espontáneo sin apenas precedentes en la historia política española y europea". Esa conquista poco tuvo de egoísta, porque "no sólo sirvió para conformar la manera de ser de Andalucía", sino que fue un paso decisivo en la democratización de España y en la comprensión de su naturaleza. Siempre Andalucía con España, siempre España con Andalucía, insistía.


Aquel referéndum, dijo, dibujó un país nuevo que se comprendió mejor a sí mismo y a sus regiones, de ahí que definiera a Andalucía como "la toma de tierra y el punto de equilibrio del Estado de las Autonomías". El mérito es mayor porque venía de un pueblo "históricamente invertebrado", que tras tres décadas de trabajo "se ha fortalecido con la armadura de una estructura organizativa e institucional en forma de autonomía política".

Cuando hace balance y ve las metas que se han cruzado, al presidente del TSJA le queda la sensación del deber cumplido. "Hoy veo que bien merece la pena dedicar una vida al progreso de Andalucía".


Su tradicional tono mesurado se volvió enfático cuando ensalzó las dos grandes virtudes que, como observador foráneo y nativo, detecta en la comunidad: una es su universalidad, porque dentro de una cultura propia y un pasado común siempre mira hacia el otro; la otra, su capacidad de "adaptarse a lo nuevo y a lo distinto sin perder su identidad". "Eso no es debilidad, sino señal de que no hay miedo al mestizaje", que Andalucía es "fuerte en su flexibilidad". "Como en los cantes de ida y vuelta" de Carlos Cano.


Méndez de Lugo dedicó su distinción "a todos los jueces y magistrados con destino en Andalucía", y por ellos lanzó un mensaje al Gobierno andaluz: que se siga "tomando en serio la justicia". "Una administración de justicia bien dotada de medios personales y materiales es una garantía de equilibrio, de resistencia, de paz social, de confianza y progreso de una sociedad, al abrigo tanto de la arbitrariedad del poder como de la desestructuración del populismo". Lo defendió ante el presidente de la Junta y sus consejeras de Justicia y Economía.

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