Cultura

'La luz no nos abandona ni en el peor trance de la existencia'

La nueva novela de Rosa Montero, Instrucciones para salvar el mundo (Alfaguara), aborda "la sensación de catástrofe inminente que se cierne sobre el ser humano".

el 15 sep 2009 / 05:38 h.

No es el apocalipsis, pero sí el ocaso de cuatro personajes que parecen encerrados en una larga noche sin final. La nueva novela de Rosa Montero, Instrucciones para salvar el mundo (Alfaguara), aborda "la sensación de catástrofe inminente que se cierne sobre el ser humano" en una ágil y urbana tragicomedia.

"Se habla mucho del cambio climático y del terrorismo internacional pero, en el fondo, lo que más nos afecta a todos es esa continua percepción de caos y angustia en la que vivimos", asegura la escritora y columnista de El País. En su nuevo libro, un veloz relato plagado de "pequeñas miserias y diminutas esperanzas", la autora de La loca de la casa ha escogido a personajes desarraigados y noctámbulos para hacerlos coincidir en una sucesión de madrugadas, lo que ella denomina literariamente "la larga noche del alma".

Un taxista que acaba de perder a su mujer, un médico apático y sumergido en la desidia, una científica que ahoga sus conocimientos en vino y una prostituta africana que trabaja en el extrarradio integran el dramatis personae de un relato que se interroga constantemente sobre cómo podemos encajar el dolor en nuestra vida. A juicio de Montero, aunque el pesimismo tiña de negrura las vidas de sus actores, "poco a poco, en la novela se va deslizando la idea de que la luz no nos abandona nunca, ni en el peor trance de la existencia, porque siempre habrá un pequeño rayo de esperanza al que asirse".

Pero Instrucciones para salvar el mundo además de constituir una novela urbana -"por primera vez he escogido Madrid como ejemplo de gran urbe, como perenne Babel en construcción"- es también "un cuento de hadas, una fábula para adultos". "En la noche todo es mágico y prodigioso, mis personajes viven lo peor y lo mejor de esas horas en las que no hay la luz", dice. "Y lo llamativo -concluye- es que todo se ha desarrollado casi de forma automática, han sido ellos quienes han conducido sus propios destinos".

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