Cofradías

La luz se adueña de Los Terceros

Una pléyade de niños aprende de sus mayores cómo jugar con el sol sobre los pasos.

el 28 mar 2010 / 21:07 h.

Decenas de niños se agolpan dentro de la Iglesia de Los Terceros, mezclados con adultos que trataban de calmar sus llantos, llenarles las cestas de caramelos y estampas o inmortalizar el momento con una foto ante los tres pasos de la hermandad de La Cena.

Vestidos de nazarenos o monaguillos, con la túnica de la Escolanía que acompaña al Señor de la Humildad, en carritos o en brazos de sus padres nazarenos o costaleros, los niños presienten un momento importante al ver que los adultos comienzan a abrazarse, darse besos, cogerse las manos con fuerza para desearse buena estación de penitencia. El murmullo se hace oración mientras la primera cuadrilla se preparara para dar una lección a los pequeños.

La dedicatoria de la primera llamada, a cargo del padre del capataz, Rafael Díaz, alivia la tensión con una crítica cargada de humor: "Sé que vais a pasear al Señor como si llevárais a vuestro padre a enseñarle Sevilla. Cuando entréis en la Encarnación, le decís: padre, éstas son las setas que nos ha puesto el Ayuntamiento, a ver si el que venga se acuerda de quitarlas".Enseguida vuelve la sobriedad, porque los costaleros van demostrar cómo sacar un paso meciéndolo tan suave que parezca no moverse. La salida parece un homenaje a la última hermandad en llegar a la Semana Santa, porque al salir a la calle Sol, el sol cobra protagonismo al iluminar las figuras, enmarcadas en el rojo de claveles y rosas, con un peculiar exorno cónico en las jarras rematado por una cresta de espigas. Es una salida lenta que encadena dos marchas y no para hasta acabar la revirá.

Entonces los niños toman el relevo: la Escolanía bulle mientras prepara los cantos ante el Señor de la Humildad, que sufre la misma transformación al pasar la puerta: la luz marca los remates de plata, las flores rojas entre el manto de iris morados, la espalda encallecida del Cristo. No ha acabado de salir cuando la cuadrilla reza bajo el palio. La levantá es tan potente que la cera vuela. La Virgen del Subterráneo enfila la puerta y el sol enciende el colorido palio rojo y morado y aviva los claveles rosa intenso. En la iglesia ya no quedan niños, sólo adultos, pero lloran como lloraban los pequeños.

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