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Cofradías

Un sueño de oro que llevó a otra Madrugá

Miles de personas abarrotan el traslado de la Esperanza a la Catedral en una «estación gloriosa» que se prologó hasta la una y media de la madrugada.

el 24 may 2014 / 20:34 h.

La Macarena por las calles de Sevilla. / Foto: José Luis Montero La Macarena por las calles de Sevilla. / Foto: José Luis Montero (FOTOGALERÍA DEL SÁBADO) (FOTOS DE LOS TUITEROS) Más de diez horas empleó la Virgen de la Esperanza en alcanzar la Catedral. La procesión de ida fue apoteósica, multitudinaria y muy emotiva, con continuos guiños a aquel mayo de 1964 en el que fuera coronada canónicamente por el cardenal Bueno Monreal. Pasada la una y media de la madrugada, el palio reposaba en el interior de la seo hispalense después de protagonizar «una estación gloriosa», según concluyó el hermano mayor, Manuel García. Comenzaba así a escribirse el «sueño de oro» para la gran familia macarena que culminará el próximo sábado con la misa estacional en la Plaza de España y la procesión de regreso. Y es que hay sentimientos que nunca cambian. Así pasen 50 años. Es el caso del cariño que levanta la Esperanza, ya sea Madrugá, mayo o cualquier otra salida extraordinaria. Los veteranos del Arco insisten en que «su rostro arranca el llanto de quien le mantiene la mirada». Lloran quienes se acuerdan del acontecimiento, como Carmen, hermana y muy devota de la Esperanza, y también quienes lo viven por primera vez aunque con algunas ráfagas en la memoria, como Fernando Marmolejo, prioste de la Esperanza y uno de los herederos del insigne orfebre. «Tenía diez años y aunque no lo presencié, sí recuerdo a mi padre cincelando la diadema y luego cuando nos mandaba a mi hermano y a mi a colorear en lápiz verde el diseño del manto de la coronación». Historias personales que confluyeron ayer en el Arco, desde donde pasadas las dos de la tarde se desató el delirio con la partida de la Esperanza. La Resolana presagiaba un día grande. La imagen que ofrecía, atestada de público, se aproximaba a la del mediodía del Viernes Santo, cuando el público aguarda impaciente el regreso de la cofradía. Pero no. Ni era Semana Santa ni asomaban nazarenos de capa de merino por el Arco. En su lugar, numerosos hermanos con chaquetas accedían a la Basílica entre el nerviosismo y la responsabilidad de sentirse partícipes de «un momento único». Entre ellos se encontraba Joaquín Caro Romero, exaltador del Cincuentenario de la coronación canónica. Caro reconocía que era «un regalo» poder vivir este acontecimiento tan especial, sobre todo, para él que ha tenido la dicha de presenciar los tres actos centrales relacionados con la coronación (1964, 25 aniversario y ahora): «Vivir esta jornada es como el milagro de vivir y tener los ojos abiertos para mirarla», resumió con bastante acierto. Precisamente, la presencia de Antonio Santiago en la delantera hace dirigir todas las miradas al martillo. A las 14.50 horas empieza a escribirse el ansiado aniversario: «Hoy es el día de María Auxiliadora, vamos a pedirle a la Esperanza que nos auxilie y nos llene de cariño y entrega para llevarla a todos los corazones de los sevillanos», arengó el capataz, que cumplía años y quien recordó que en ese día también «Manolo Santiago sigue cumpliendo años en el cielo». Poco a poco fue asomando la Virgen al atrio mientras brotaban de las trabajaderas los primeros «¡Viva la Esperanza!». Sonaba Coronación de la Macarena, de Pedro Braña y la banda del Carmen de Salteras se sumaba a este cincuentenario repartiendo entre el público estampas con una foto de la salida extraordinaria por las bodas de plata y el lema Otros 25 años pasaría junto a tí. «Tocar aquí es lo más grande», añadía el subdirector de la formación, Manuel Jesús Ramos. Tanta emoción llegó a todos. Incluso a quienes están enfermos. María Isabel Gil Delgado, camarera de honor, hizo el gesto de incorporarse sobre su silla de ruedas para saludar a la Virgen nada más salir:«Es lo menos que puedo hacer por Ella. Me ha salido del alma», confesó emocionada, mientras fuera de la verja llegaban los primeros aplausos y vítores a la Esperanza. Como hace medio siglo, el barrio de la muralla puso todo su arte y cariño al servicio de «la Madre». La calle Parras fue un buen ejemplo. Sus vecinos habían estado añorando este día durante meses. «Todo es poco a para la Señora. Lo hemos hecho entre todos, con mucha ilusión y con el deseo de mostrar nuestro amor a la Esperanza», relató Jesús, uno de los residentes de esta arteria principal del barrio que se presentaba profusamente adornada con banderolas de azotea a azotea, guirnaldas de flores de papel y colgaduras, mantones de Manila y hasta altares flotantes con imágenes pequeñas y cuadros de la Esperanza en las fachadas de los primeros números. En este primer tramo de Parras, desde uno de los balcones de la casa de hermandad del Rocío de la Macarena, el grupo Los del Guadalquivir dedicó unas sevillanas a la Esperanza, como ya hiciera hace 25 años: «Hace ya 50 años/ Sevilla puso en tus sienes/ Una corona de amor/ Y te nombró para siempre/ La Macarena de Dios!», decía su estribillo. El final de la canción coincidió con la primera de las muchas lluvias de pétalos que se lanzaron. Casi una hora echó el palio en completar la calle Parras. Vítores, sevillanas, rezos... y, de nuevo, lágrimas al contemplar de cerca el rostro de la Virgen. El nublado refrescó las horas centrales del mediodía y propició que la gente fuera cogiendo sitio a lo largo del recorrido. De Parras a la calle ancha de la Feria, donde, ya con retraso, llegó el palio a la parroquia de Omnium  Sanctorum. Allí les esperaban los estandartes de las hermandades residentes y algo más de espacio tras las apreturas de Parras y Relator en las que las fuerzas de seguridad se afanaban en que avanzaran los llamados cangrejeros. De hecho, hasta un grupo de hermanos ayudó al hermano mayor, Manolo García a facilitar su caminar ante el palio. Pero aún quedaba mucho por vivir, como se vio en la antigua plaza de los Carros. Los hermanos de Monte-Sión habían decorado la fachada de la capilla como en 2010 para la salida del 450 aniversario de la corporación. Colgaduras, cortinas para los retablos cerámicos y conos de buganvillas y cítricos. Tanto esfuerzo tuvo su recompensa. Pues si se tenía asumido que no entraría el palio, al final sí lo hizo. «Han sido 25 minutos de gloria. Muy emocionantes. Hemos revivido una imagen de hace 43 años, cuando la Macarena entró en Monte-Sión a la vuelta de haber recibido la Medalla de la Ciudad», explicaba Rafael Buzón, exhermano mayor, que resaltó que la Virgen del Rosario lucía el traje de salida y la corona de su coronación canónica. Otra dolorosa coronada, la Amargura, repetía la estampa de hace medio siglo. La Virgen había descendido de su camarín y se mostraba en el presbiterio. De nuevo, dos dolorosas coronadas frente a frente, pues también aquí entró el palio. En la calle Santa Ángela la gente empezaba a desesperarse con tanto retraso. Aún así nadie se movía. Hacía una hora que debía estar la Macarena. Inmaculada Rodríguez Guzmán, madrina de la coronación por delegación de la Hermanas de la Cruz y esposa de Caro Romero, se mostraba tranquila. «Ella tarda, pero luego nos recompensa con sus bendiciones», repetía con un ramo de flores en la mano al igual que hace 25 años. De la Anunciación a la Campana para desembocar en la plaza de San Francisco pasada la medianoche. El sueño continuaba... La Macarena por las calles de Sevilla. / Foto: José Luis Montero Foto: José Luis Montero  

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