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"La Macarena no es de izquierdas ni de derechas; no puede serlo"

Llegada la hora del relevo, Juan Ruiz Cárdenas repasa sus ocho intensos años al frente del gobierno de la hermandad de la Macarena.

el 10 oct 2009 / 20:15 h.

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Juan Ruiz Cárdenas, hermano mayor de la Macarena.

–¿Qué balance hace de sus dos mandatos de hermano mayor?
–Hemos intentado cumplir con nuestro deber. A las hermandades hay que venir a servirlas, no a servirse. Esta hermandad es tan vasta que hay que tener dedicación plena. Esto es una hermandad pero también es una empresa y hay que tener cubiertos todos los requisitos legales, jurídicos, tributarios. No sólo hace falta ser buen macareno, sino estar preparados y ser eficaces. Mis juntas han sido una simbiosis entre personas que teníamos ese poso del macareno antiguo y la nueva hornada de los hijos de oficiales de junta, ya preparados, de alto nivel y cualificación.


–¿Ha logrado los retos que se planteó hace ocho años?
–Me propuse dos cosas: hacer una hermandad abierta, con objeto de que el hermano que quiera entre en cualquier despacho como en su propia casa. Las puertas se han abierto y los que han querido, han participado. Y después, más que hacer cosas nuevas, pensé siempre en que había que conservar el patrimonio tan enorme que heredamos de nuestros antepasados. Y para ello nos fuimos a Madrid para conseguir una subvención para corregir los problemas de estructura que tenía el edificio.


–La célebre subvención de la polémica...
–Conseguimos una subvención procedente del 1% del fondo interministerial de los ministerios de Fomento y Cultura. Fue conseguida, y después por cuestiones políticas nos lo quitaron. Después se ha recurrido y en primera instancia lo hemos ganado. Y en ese intervalo tuvimos la gran suerte de que, entre las muchas visitas, vino un día Francisco Camps, presidente de la Generalitat valenciana. Éste es un hombre que desde que estaba estudiando Derecho tenía la estampa de la Virgen de la Esperanza. Es un gran devoto y me pidió hacerse hermano. Coincidió con la visita de Vicente Salas, presidente de la Caja de Ahorros del Mediterráneo. Y fíjate las cosas que hace la Virgen. Le cuento a Paco [Camps] lo que había pasado, que no teníamos el dinero, y me dijo: ven conmigo que vamos a hacer una gestión. Fuimos los dos a ver a Vicente Salas y Paco le dijo a Vicente Salas en el tesoro antiguo, delante del paso del Señor: “Vicente, los macarenos necesitamos un millón de euros”, y dice Vicente: “si me lo pide mi presidente, que sé que es macareno y se ha hecho hermano, aquí está”. Y nos dimos la mano los tres. Fue lo que nos permitió iniciar las obras del museo.


–¿Cree que el Estado recurrirá la sentencia que le obliga a hacer efectivo el pago de la subvención del millón de euros?

–No lo sé. Lo que sí sé es que aquella concesión fue un acto administrativo impecable y si no hubiésemos recurrido nosotros, lo hubiéramos perdido totalmente. Yo quise recurrir porque estaba convencido de que aquel dinero, predestinado a abadías y basílicas, estaba bien concedido. Estoy convencido de que ese dinero antes o después llegará.


–¿De qué logros se encuentra más orgulloso?

–Son tantas cosas... Un censo que te aumenta un 25% demuestra que la gente está contenta, cómoda. Después, la cantidad de personas que han venido a ayudarnos con muchísimos donativos para restaurar enseres. Pero, sobre todo, con mis 18 compañeros de junta. Yo nunca he dejado a nadie en la cuneta y hemos terminado como una verdadera piña. Y después, qué te voy a decir del museo... es la joya de la corona y estoy ilusionadísimo. Será un museo magnífico, supermoderno, en el que se va a complementar la modernidad de un museo con el mejor barroco del siglo XX.


–Hay quien le reprocha que haya sido un hermano mayor sólo del atrio para adentro.
–Yo he ido a los sitios más importantes cuando he sido requerido, pero entiendo que el hermano mayor de la Macarena tiene que estar aquí todos los días. Yo estoy aquí para servir a mis hermanos. Ésa es mi prioridad y no me pesa. Cada uno es libre de pensar lo que quiera, lo que sí es cierto es que soy un hermano mayor de atrio, de Basílica. Si tú te distraes con actos sociales, la hermandad se resiente.


–¿Qué les dice a quienes le acusan de haber politizado en exceso la hermandad?
–Recuerdo que cuando el palio se trasladó al Ayuntamiento por las obras, a unos les gustó y a otros no. Pero yo dije allí y mantengo que la hermandad de la Macarena está por encima de los políticos y es totalmente apolítica. Aquí entran y han tenido las puertas abiertas todo el mundo y de todos los partidos políticos. Yo nunca digo que no a ninguna persona, porque no vienen a ver al hermano mayor o a la junta de gobierno, sino que vienen a ver a la Virgen de la Esperanza. La hermandad no está politizada en absoluto, y además me enervo cuando lo dicen. La Macarena no es de izquierdas ni de derechas. No puede serlo.


–¿Su mejor y su peor momento en estos ocho años?
–Como el mejor, me quedo con la concordia con el Gran Poder. Y el peor, la terrible Madrugada de hace dos años, por las amenazas que recibimos. Esa Madrugada no me separé de la manigueta derecha de la Virgen. Llevábamos a 70 policías delante por medida de seguridad y muchos hermanos de paisano, profesionales, con el mismo cometido. Se sufrió mucho. Estoy cansado de decir que Queipo es hermano mayor honorario y está enterrado en la Basílica porque nuestros antepasados lo hicieron y yo no voy a cercenar esa voluntad, y que la hermandad es totalmente apolítica, porque sería yo muy torpe si quisiera pedirle la afiliación a cada uno de los hermanos. Que cada uno vote al que quiera.


–¿Esperaba la presentación de una segunda candidatura para las elecciones?
–Sinceramente no. Sobre todo porque todo el mundo sabe que a esta junta nos ha faltado un añito para haber terminado la casa de hermandad, que ya teníamos hasta los planos. Aunque todo el mundo tiene derecho a presentarse.


–¿Qué hermandad deja usted en manos de su sucesor?
–La veo muy unida y con un organigrama preparado para cualquier tipo de respuesta: jurídica, empresarial, legal o tributaria... Creo que hemos dejada sentadas las bases sobre las que se proyectará la Macarena del siglo XXI.


–¿Usted es de los que piensan que la Virgen debe andar con algo más de gracia?

–Esta hermandad es seria pero alegre, y para mí tal como anda ahora, con la elegancia, la seriedad y esa sencillez, la Virgen va perfecta. Con Luis León iba con otro estilo, y también me gustaba, pero con Antonio va con el estilo de Antonio, que es el que le gusta a la junta. Hay que ser elegantes y serios, tal como es la hermandad.


–¿El estilo del misterio también gusta a todos?
–Muchísimo. Ése es único: es el paso macareno.


–¿Qué medidas se pueden adoptar, a su juicio, para hacer una Madrugá más segura?
–El año 2000, que fue el año de la movida, ha marcado un punto de inflexión que va costar mucho trabajo remontar. La Madrugá está tocada. Son los sevillanos los que, superando ese miedo lógico, tenemos que salir a la calle. Es una cosa subjetiva de cada sevillano y como no vayamos para adelante y nos quedemos acostados esperando que sean las 6 ó 7 de la mañana, esto no se recupera. Depende de nosotros. Hay que salir, salir y salir. Los pasos no se pueden quedar solos en la Madrugá ni dejarlos en manos de una sociedad a la que le faltan muchos puntos de referencia.


–¿Se ha oído poco la voz de la Macarena en el Consejo de Cofradías durante estos años?

–En los momentos importantes sí se ha oído. Lo que ocurre, y le vuelvo a repetir, es que yo he ido poco, pero la hermandad siempre ha estado representada. En temas importantes –recuerdo el último el del aborto– allí hemos estado.


–¿Usted también soñó despierto con ver al Gran Poder y la Macarena juntos en ese viacrucis conjunto proyectado para celebrar la concordia?

–Ese viacrucis estaba hecho, con todos los parabienes, hasta del cardenal y alguna otra persona.


–¿Sólo falló, pues, la falta de miras de aquel Consejo?

–[Se calla el hermano mayor y sonríe.] Usted no se puede imaginar, en los primeros balbuceos de ese asunto, la cantidad de llamadas que tuvimos aquí de touroperadores preguntado a qué hora salía el viacrucis. Se hubieran llenado los hoteles y hubiera sido un día festivo en Sevilla, estoy convencido. Se lo perdió Sevilla. Nos lo perdimos.


–¿Permitiría usted que la Virgen de la Esperanza viajase a Madrid para que la viera el Santo Padre Benedicto XVI?

–No, de ninguna manera. La Virgen de la Esperanza está aquí, sale en la Madrugá y cuando tenga que salir será por algo importante o necesario para Sevilla. De ninguna de las maneras.


–Ni aunque se lo pida la Conferencia Episcopal Española.
–No, rotundamente no.


–¿A qué desafíos deberá enfrentarse la hermandad en el siglo XXI?

–Es fundamental y básico que cuidemos a nuestra juventud. Me da mucha pena que se hayan perdido los puntos de referencia. Hay que tener mucho cuidado con la formación y con la juventud, porque es el futuro. Tú ves los quinarios y septenarios llenos, las procesiones llenas, pero después se rasca un poco y... ¿frecuentan los sacramentos? ¿tienen solidaridad? ¿respetan a los mayores? Los católicos no tenemos que complicarnos tanto la vida. Hay una constitución que es el Evangelio con respuesta para todo.


–¿Está uno preparado para ejercer de jarrón chino?
–Yo sería en todo caso un jarrón sevillano. De chino no tengo nada. Un ex hermano mayor lo que tiene que hacer es dejar trabajar al que venga. Que esté siempre en su casa para cuando quieran pedirle un consejo. Yo voy a seguir siendo natural como la vida misma y seguiré viniendo a la Basílica como un macareno más . Si hay cultos, a los cultos, y en la Madrugá a salir de nazareno hasta que pueda.


–¿Cómo ve las elecciones? ¿Prevé un resultado ajustado?

–Pues no lo sé con exactitud cómo van a ser, porque con un censo de más de 9.000 hermanos... Lo único que les aconsejo es que voten en conciencia y siempre miren por la hermandad, que busquen a las personas más adecuadas, porque esto tiene mucho trabajo, mucha dedicación, y hay que estar muy encima. Hace falta gente muy preparada, muy eficaz, gente que sepa responder a los problemas diarios que tenemos. Esto no es sólo sacar los tres pasos. Somos una hermandad de barrio, pero tenemos una proyección universal y tenemos que tener respuesta a todo.

 

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