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Cofradías

La Madrugá, diez años de dudas

Una década después de los incidentes que destrozaron la Madrugá de 2000, hay voces que se siguen alzando contra la versión oficial de que las escenas de pánico fueron una desafortunada secuencia de casualidades y miedo contagiado. Una cosa está clara: la seguridad ha aumentado desde entonces

el 31 mar 2010 / 20:56 h.

Hay dos versiones claramente enfrentadas para explicar por qué en la Madrugá de 2000 cundió el pánico, hasta el punto de que los pasos de la Esperanza de Triana se quedaron solos en Sierpes porque nazarenos y público huyeron en estampida, las sillas de la Carrera Oficial quedaron derramadas por los suelos al salir corriendo los abonados y hasta se rompieron cruces de los penitentes. Durante tres cuartos de hora, entre las 5.30 y las 6.15 de la madrugada, en puntos muy concurridos se vivieron momentos de miedo mientras hordas de gente corrían despavoridas sin saber por qué, arrastrándolo todo a su paso. Hubo más de cien heridos. Aunque la investigación policial concluyó que no había pasado nada que lo justificase, diez años después hay quien cree que aún no se ha aclarado qué pasó y por qué. Una cosa sí está clara: la laxitud con la que se vigilaba la Semana Santa cambió y las fuerzas de seguridad, descoordinadas y confiadas en lo que Sevilla llama la cultura de la bulla, tomaron el mando bajo el lema nunca más. Las mejoras se impusieron: se remodeló todo el dispositivo policial, hoy formado por 2.000 policías; se creó el Cecop para coordinar, analizar los riesgos y poner la venda antes de que salga la herida; se colocaron cámaras de seguridad en las zonas de aglomeraciones, supervisadas en tiempo real... Este año, las hermandades han pedido más policías para sus cortejos y la Subdelegación del Gobierno ha tomado una de las decisiones más radicales de los últimos años: iluminar todo el recorrido de las hermandades hasta su llegada a la Carrera Oficial. Nada de mecerse bucólicamente en la oscuridad del puente de Triana o en la llegada a Reyes Católicos de la Esperanza trianera. Los hermanos mayores de las corporaciones de la Madrugá han sido avisados de que por motivos de seguridad todos los itinerarios mantendrán encendida su iluminación al paso de las cofradías. En todo caso, los responsables de la seguridad ven difícil que los incidentes se repitan porque el pánico se extendió, entre otras cosas, porque nadie sabía qué pasaba: se habló de un hombre que blandía un cuchillo, de alguien que iba dando tiros, de un reventón de una tubería... hubo teorías más peregrinas, como la que apuntaba a que un toro había huido de la Maestranza o que falsos nazarenos, vestidos con túnica negra pero sin sello de ninguna hermandad, habían iniciado las carreras. Algunos apuntaron a que la Policía Local, inmersa en reivindicaciones laborales, había orquestado una demostración de que la ciudad no estaba segura; el alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, que vivía su primera Semana Santa como regidor, acusó directamente a "grupos de niños pijos vinculados a la extrema derecha" que trataban de poner en evidencia al Consistorio socialista; se habló de un juego de rol, impulsado por el estreno reciente de la película Nadie conoce a nadie, en la que un loco coloca una bomba bajo una Virgen y un nazareno es asesinado. Sin pruebas. Ninguna de estas versiones se confirmó como origen del pánico. Se comprobó que la mayoría eran falsas, ya que no había explotado ninguna tubería ni escapado ningún toro. De otras no hubo la más mínima prueba. Sí se detuvo a un toxicómano que llevaba un cuchillo -según él no llegó a sacarlo del bolsillo- en la calle Trajano, donde se produjo una de las carreritas, aunque también las hubo en sitios más alejados como Gravina o Zaragoza. La Policía verificó que el sonido de las sillas de tijera cerrándose de golpe en el suelo es idéntico a los disparos, incluso para oídos acostumbrados a escucharlos, lo que pudo aumentar el miedo. Y fue el primer año de apogeo de los móviles, lo que pudo ayudar a extender la alarma. Diez años después, el jefe superior de la Policía, Enrique Álvarez Riestra, suscribe punto por punto el informe que la Brigada de Información presentó a los dos meses de los incidentes, y que se le entregó al entonces fiscal jefe, Alfredo Flores. Tras tomar declaración a 140 testigos, ver más de un centenar de videos de cámaras de seguridad y realizar multitud de comprobaciones se determinó que el incidente del cuchillo en Trajano fue el origen de una serie de escenas de pánico no simultáneas, sino consecutivas, al extenderse desde ese punto, aunque con escaso intervalo entre ellas. "En esta ciudad no pasa nada sin que se sepa porque se le presta mucha atención a todo", dice el responsable policial, que ve inverosímil una conspiración organizada de la que no hayan encontrado ni el más mínimo indicio. Frente a él, otros creen que lo que ocurrió estuvo preparado, sin atreverse a aventurar por quién. Es la teoría de los periodistas José Luis Garrido Bustamante y Juan Miguel Vega; el primero escribió un libro sobre los sucesos, y el segundo una novela en la que la culpa recae sobre la Policía Local, aunque aclara que fue una licencia literaria. Vega cree que "fue algo pensado por un colectivo de gente organizada y que conocía bien Sevilla". No piensa que quisieran cargarse la Semana Santa, sino que "quisieron hacer una especie de gamberrada y se les fue de las manos". ¿Por qué nunca se ha sabido quiénes son? "Porque hicieron un pacto de silencio al ver lo que había pasado". Hoy, en cambio, el factor sorpresa ya no jugaría a favor de los tumultos. De hecho, el año pasado hubo un conato de carreras al producirse una agresión en Reyes Católicos, pero la propia gente refrenó a quienes se asustaron e intentaron correr, y la Policía fue tajante al llamar a la calma. Las hermandades también son más conscientes: sería extraño que un nazareno volviera a salir a la carrera estandarte al hombro, como ocurrió entonces en la Esperanza de Triana. Juan Miguel Vega: "Hay gato encerrado" –¿Qué pasó esa Madrugá? –Yo no sé qué pasó, pero las cosas no casan. Contrasté las versiones oficiales con testimonios de testigos, yo mismo estuve, y hay muchísimas contradicciones. Aquí hay gato encerrado. –Se llegó a decir que fue la propia Policía, lo que apunta en su novela inspirada en aquello. –Fue una licencia literaria. Entonces se habló de un grupo organizado y se citaban tres: vinculados a las fuerzas de seguridad como la Policía Local, que estaba realizando protestas laborales; un juego de rol y proetarras, esto último imposible porque quien lo hizo conocía muy bien la ciudad. Lo demás fueron las típicas historias de gente con necesidad de inventarse cosas. –¿Qué cree que buscaban? –No creo que cargarse la Semana Santa, sino hacer una especie de gambaerrada gorda o dar un aviso. Ha habido gente que ha llegado hasta su entorno y dicen que se les fue de las manos y les entró miedo. Hicieron un pacto de silencio y dijeron que nunca lo van a repetir. –¿Y por qué no iba la Policía a investigar eso? –Ésa es la gran cuestión que a muchos nos intriga. El jefe superior fue relevado en julio de ese año. Yo creo que el problema es que no encontraron de qué acusar, porque como dijo el ex fiscal Alfredo Flores, no vas a acusar a alguien de ir por ahí gritando “¡que vienen, que vienen!”. Si se llega a saber hubiera sido un escándalo y aquí habría tenido que dimitir mucha gente.

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