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La madurez más dolorosa en el Carmen

el 15 sep 2009 / 02:01 h.

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¿Saldrá el Carmen?", era la pregunta más repetida en la puerta de la parroquia de Omnium Sactorum. El paso atrás de la Sed y San Bernardo había preparado a los hermanos que iban accediendo al templo con rostro serio pero con la mayor de las certezas de que este año no irían a la Catedral.

Los más pequeños lloraban como si les hubieran hurtado algo propio. El diputado del primer tramo, aplicaba una clase de psicología cofrade para tranquilizarlos. "No lloréis. De esta manera, todos los caramelos que ibais a repartir os los podéis quedar". Esta treta persuasiva relajaba los ánimos en una iglesia que poco a poco iba quedando desierta. Un diputado de tramo quitaba el adhesivo de los carteles que marcaban el número de tramo. "La decisión estaba clarísima. No había medias tintas y con esto no estoy criticando a nadie", explicaba el hermano mayor, Antonio Saldaña, que se estrenaba en los menesteres del gobierno de una hermandad.

El misterio de las negaciones de San Pedro con el Señor de la Paz al frente aguardaba, con los candelabros encendidos y delante del presbiterio, a que las puertas de la parroquia (que comparte con la hermandad de Los Javieres), se abrieran para que los fieles entraran a rezar con los hermanos. "La hermandad es joven pero los que la formamos tenemos experiencia en esto de las cofradías. Además, Sevilla lo que demanda es seriedad en las decisiones que tomemos", apuntaba Saldaña, con la mano en la barriga por los dolores que "de repente, se me han venido al estómago en el cabildo extraordinario de salida", apostillaba.

Una madre, con sus tres hijos agarrados a su falda, le daba la enhorabuena por las palabras tan acertadas. "Mira, lo importante no es lo material porque como dice Saldaña, se puede sustituir. Aquí siempre se ha mirado más por los demás que por nosotros mismos". Y es que el pronóstico de las 14.45 horas con el que barajaban salir o no, auguraba un riesgo de lluvia del 80%.

Motivo por el que el montante de los hermanos que escuchaban las palabras de la junta de gobierno a las 15.00 horas rompieron en un aplauso por ser lo más coherente. En la calle cientos de sevillanos esperaban a que se abriera la parroquia bajo un fino manto de agua que no cesaba en la calle Feria.

Las palabras de un costalero resumían el sentir generalizado: "El año pasado nos estrenamos en la nómina del Miércoles Santo y este año -se apoya en otro costalero mientras llora- y como símbolo de madurez, la procesión la llevaremos por dentro".

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