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La mañana nueva

A los sevillanos el invierno nos inquieta, nos desasosiega como un chino en el zapato, como la mota en el ojo; no sabemos qué hacer con él, no comprendemos a quienes lo gozan patinando o paseando por un paisaje blanco y, aunque haya añadas en las que casi...

el 15 sep 2009 / 23:48 h.

A los sevillanos el invierno nos inquieta, nos desasosiega como un chino en el zapato, como la mota en el ojo; no sabemos qué hacer con él, no comprendemos a quienes lo gozan patinando o paseando por un paisaje blanco y, aunque haya añadas en las que casi ni aparezca, pasamos por enero y febrero con melancolía pensando que nunca se irá. Y, sin embargo, se va; hay siempre en el año de Sevilla una mañana nueva que lo indica, un limes que, al contrario de los del año o las estaciones, no tiene día fijo. Nadie sabe nunca de antemano cuándo llegará ni cómo; es igual que las veredas secretas de la concepción de una vida.

Ayer tuvo lugar esa mañana que anuncia nuestra particular primavera, el ver sacrum de la antigua Roma, evangelizaba con su buena nueva esta ciudad que otrora se endosó su veste y que ahora comienza de nuevo y puntualmente a parecerse a aquella en ánimo y grandeza. Antes de que saliera el sol, cuando el cielo se pintaba de carmín entre el alcor de Carmona y el Bocatinaja de Osuna, el aire ya -por fin- soplaba mansamente y despojado de frío, con todas las bienaventuranzas de los refranes que se han transmitido de siglo en siglo y de siglo en siglo se pronuncian con la unción de un conjuro.

Se asomaban ya las puntas de las hojas a las yemas en los árboles hasta ahora yertos y los rosales daban la orden de marchar a las ramas que habrán de brotar de sus negros muñones al mismo tiempo que los rayos oblicuos del sol se abrían como varillas de abanicos por entre los tejados. A un río de orillas rebajadas le entraba mansa y paradójicamente el agua desde Sanlúcar. Igual que una bandera que ondulara a compás de un adagio. Fue ayer por la mañana cuando Sevilla se quedó preñada de tibieza, cuando tuvo lugar -así es cada año- ese misterio de la encarnación que parirá a la Fiesta.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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