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La mano que abre los pétalos

Perracos sueltos y flores nuevas reciben hoy a la primavera en el Parque de María Luisa, ideal para este tipo de liturgias pese al afán de algunos por emporcarlo.

el 19 mar 2012 / 19:47 h.

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Nada que hayamos de percibir en este mundo iguala / la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya textura / me somete con el color de sus campos, / retornando a la muerte y la eternidad con cada respiro, escribió Cummings, pensando en alguien que debía de parecerse mucho al Parque de María Luisa: poderoso y sencillo, silencioso y feliz, breve y eterno, tan masculino y tan femenino... y hoy, además, otoñal y primaveral a un tiempo. Porque sobre la hermosura de la Avenida de Hernán Cortés seguían cayendo ayer de la arboleda, en un ejercicio de languidez digno de una heroína de novela inglesa, esos copos marrones y melancólicos que solo tienen los parques con alma. Bajo esa nevada triste, bella y un poco impostada, turistas en calzonas, operarios sin tregua y perracos sueltos por doquier componían la estampa de las vísperas. Y a ratos, el color verde se avivaba al sol en las praderas y jardincitos como un rescoldo extraño de vida que regresa.

La fotografía que preside esta página es muy elocuente. El dueño de este perro iba en bicicleta. Se cruzaron con él dos policías nacionales en moto que le pidieron que lo amarrara, y el mozo en cuestión, con visible enojo y musitando mientras veía alejarse a sus interlocutores, pasó por completo de echarles cuenta y, tras un perezoso amago de paripé, volvió a colocarse al cuello la cadena de su mascota, lugar que, a la luz de los acontecimientos, era sin duda el sitio más adecuado para ponerla. En defensa del paisano, comentar que a esa hora, hacia el mediodía, no había por los contornos menos de media docena de perrazos dejados libremente a su bola, que diría Petrarca en sus églogas virgilianas.

¿Cambiará la gente algún día, coincidiendo con la primavera? Gibran escribió: ¿Crees que Dios dividió la Eternidad en estaciones como las estaciones del año? ¿Vendrá, de aquí a un millar de millones de años, una generación de hombres que vivirá por el espíritu y la verdad, y hallará su felicidad en la luz del día y en la quietud de la noche? ¿Vendrá, todo esto alguna vez...? Pregúnteselo usted a los patos del estanque que rodea la Isleta de los Pájaros, que están aburridos con eso de que les hayan secado el canal para limpiarlo. Patos de secano, en fin. O pregúnteselo usted a esa lumbrera de la vanguardia poética que ha tenido a bien guarrear la trasera de la Caseta de los Guardas con la frase que obligará a replantear toda la doctrina filosófica sobre la que se sustenta la civilización: Mañana es para siempre 090311. Otro pato de secano, para echarle pan.

O sea, que hay que ir a reconquistar la plaza, a retomar el parque para el espíritu, el pobre, que siempre le están robando cosas. Pase por las galerías que llevan a la Fuente de las Ranas, huela su tierra polvorienta bañada en arabescos de luz y hojas muertas, que es el anagrama natural del Parque. Asómese a los verdes rampantes que rodean a los leones y mire correr a los mirlos, como si llevaran malas noticias. Y llévese el poema de Cummings, que es una preciosa oración de primavera: Con solo mirarme, me liberas. / Aunque yo me haya cerrado como un puño, / siempre abres pétalo tras pétalo mi ser, / como la primavera abre, con un toque diestro y misterioso, su primera rosa. Dígaselo al Parque y será suyo para siempre.

De utilidad:

¿Cuánto dura la primavera?
Empieza hoy a las 6.14 horas y acaba el 21 de junio. O sea, que astronómicamente son 92 días y 18 horas. Emocionalmente ya es otro cantar, porque aquí la primavera forma parte del verano a partir de enero, más o menos, y hasta la total deshidratación del personal. Fije usted mismo sus límites.

¿Cuándo ir al Parque?
Hoy sería su fiesta de guardar, pero va a ser este fin de semana, con su estanque limpito y todo eso, cuando de verdad luzca.

¿Cuándo se cambia la hora?
El domingo, a las dos de la madrugada serán las tres. Pero no se apure por cambiar la hora, porque es día de elecciones y lo mismo al caer la noche tiene que atrasar el reloj un siglo. Mejor haga como los indios Lakota, guíese por la nube, la brisa y el águila.

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