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La manopla y el cañón de nieve

Llévame al cañón de nieve, llévame al cañón de nieve, llévame al cañón de nieve..." Total, que uno coge y lo lleva, pertrechándolo como si el pobrecito fuese a Sierra Nevada. Llueve.

el 14 sep 2009 / 21:52 h.

Llévame al cañón de nieve, llévame al cañón de nieve, llévame al cañón de nieve..." Total, que uno coge y lo lleva, pertrechándolo como si el pobrecito fuese a Sierra Nevada. Llueve. Y eso que Meteorología había dicho que llovería. La plaza del Ayuntamiento de Dos Hermanas está preciosa de luces y vacía de gente, porque allí sólo se sale si hay tiendas abiertas. Bajo el balcón municipal se ve un pesebre vacío, cosa rara hoy día en el mundo, y unos cinco o seis niños con sus familias esperando los copos. Desde el balcón le dan a un botoncito y empieza el show. La castañera de la esquina echaba más nieve que la máquina. Por el cielo empezaron a flotar pegotones de espuma que el ventarrón se llevaba hasta una terraza cercana. ¿Cañón de nieve o trabuco de Sanex? Daba igual; así ya estaba duchadito el niño, que se llevó toda la noche escupiendo jabón. Una idea genial. "¡Nos teníamos que haber traído los esquíes!" Nos teníamos que haber llevado la manopla.

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